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Testigos de la Luz

“Juan no era la luz, sino uno enviado a dar testimonio de la luz.” —Juan 1:8 DHH



Vivimos en un mundo que a menudo se siente oscuro y confuso. La gente vive y se mueve a ciegas. No hay claridad en los pensamientos ni en las emociones. Las decisiones que se toman a nivel individual y a nivel colectivo terminan en fracasos personales y comunitarios. Las actitudes con las que se enfrentan las dificultades y las necesidades de vivir aquí y ahora revelan una gran ceguera espiritual. Pero nosotros somos la luz del mundo. La iglesia ha visto y recibido la luz. Nosotros, los que nos llamamos cristianos, hemos sido enviados a ser luz en medio de las tinieblas. ¿Entonces, qué pasa que, a pesar de nosotros tener la luz, el mundo sigue viviendo en oscuridad?

 

Juan el Bautista fue el enviado de Dios para dar testimonio de la verdadera luz en medio de un mundo oscuro y confuso. Por su testimonio, muchos pudieron ver la luz y ser testigos. La palabra testigo viene del latín “testis” que significa persona que presencia un hecho y puede dar testimonio sobre el mismo. En el sistema judicial, un testigo tiene la responsabilidad de declarar lo que ha presenciado ante un tribunal o autoridad competente. La importancia del testimonio de un testigo radica en su capacidad para aportar claridad y objetividad a los hechos.

 

Hoy, al igual que Juan, nosotros hemos sido colocados en este tiempo y espacio para ser testigos de la luz verdadera. Nuestro propósito y nuestro rol no es acomodarnos a la opinión popular, ni al poder político, social o cultural. Somos enviados a ser testigos de la luz verdadera. El objetivo de nuestro testimonio no es impresionar a nadie con nuestra “espiritualidad”, sino facilitar que otros tengan un encuentro salvador con la verdadera luz que es Jesús. Es nuestra responsabilidad declarar y dar testimonio de la luz. El mundo necesita que nosotros abracemos nuestro llamado y vivamos para declarar que Cristo ha transformado nuestra existencia con su luz admirable. Es hora de testificar con nuestra vida que Jesús ciertamente es la luz del mundo.

 
 
 

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