Cuando Dios reescribe nuestra historia
Génesis 45:1–15; Romanos 11:1–2, 29–32

¡Dios tiene un plan para todos! Así lo afirmaba un hombre que, desde la niñez, vivió el rechazo de su familia y acciones que lo lastimaron. Como consecuencia, en su juventud vivió de manera violenta, provocando temor y dolor a otros. A pesar de lo que había vivido y de quién había sido, Dios le hizo saber que tenía un plan para él. Es decir, el rechazo, la desobediencia y aún el sufrimiento no pueden frustrar el plan de Dios.
La historia de José nos presenta esta profunda verdad. Luego de años de separación y sufrimiento, aquellos que lo habían vendido como esclavo ahora se encuentran delante de él, dependiendo de su misericordia. Humanamente, José tenía razones para buscar venganza. Sin embargo, el texto nos hace saber que, a pesar de los acontecimientos de desgracia y dolor, Dios tiene un propósito mayor. Precisamente eso fue lo que José declaró a sus hermanos al afirmar que fue Dios quien lo envió delante de ellos para preservar la vida. Aquella experiencia de dolor Dios la utilizó para cumplir su propósito de salvación.
El apóstol sostiene este principio teológico al afirmar que Dios no ha rechazado definitivamente a su pueblo, Israel. Aunque una parte de Israel fue incrédula y rechazó el evangelio, eso no significó que Dios había abandonado sus promesas. Todo lo contrario, el apóstol les hace saber que los dones y el llamado de Dios son irrevocables. Es decir, la fidelidad de Dios no depende de la perfección humana, sino del carácter divino y sus propósitos. Así pues, ambos relatos presentan al Dios que se reconcilia con la humanidad y le tiene misericordia, a pesar de sus pecados.
Al considerar lo anterior lo anterior, debemos afirmar que Dios puede reescribir nuestra historia. Solo Dios puede transformar a personas marcadas por el pecado, el rechazo y la desobediencia para desarrollar sus propósitos de gracia. Esta realidad responde a que, aunque como seres humanos hemos fallado, rechazado el bien y desobedecido, Dios permanece fiel, mostrándonos su misericordia, la cual supera nuestra infidelidad y nos permite saber que su propósito permanece firme.
Sostenidos en esto, discernamos el plan de Dios para nuestras vidas. Así mismo, seamos parte del plan de Dios en otros, para que quienes hoy viven en rechazo, desobediencia o sufrimiento puedan llegar a tener una nueva historia, la historia que Dios reescribe.







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