Sigamos Creciendo
“[P]ero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” —Hebreos 5: 14

¿Alguna vez has intentado leer un texto con letras tan pequeñas que no logras distinguir lo que dice? ¿O has tratado de leer un letrero que está demasiado lejos para verlo con claridad? Cuando no vemos con claridad, se nos hace difícil interpretar lo que tenemos delante. Por esta razón, contar con la herramienta apropiada puede ayudarnos a comprender mejor lo que leemos u observamos. Por ejemplo, unos espejuelos o una lupa amplían las letras pequeñas y nos permiten reconocer detalles que podrían pasar inadvertidos.
Algo semejante puede sucedernos en nuestra vida espiritual. En ocasiones, confundimos lo conveniente con lo correcto, una costumbre con la voluntad de Dios o nuestros deseos con su dirección. Por eso debemos preguntarnos: ¿Qué es lo que está orientando nuestras decisiones? ¿Estamos dispuestos a escuchar, aceptar corrección y cambiar? ¿Lo que hacemos refleja el carácter de Cristo y procura el bienestar de quienes nos rodean? Así como una lupa nos ayuda a observar con mayor claridad, el discernimiento nos permite evaluar lo que tenemos delante y orientar nuestras decisiones.
Hebreos 5:14 nos recuerda que las personas maduras tienen sus facultades ejercitadas para distinguir entre el bien y el mal. Esta madurez se expresa en nuestra capacidad de comprender las enseñanzas de Cristo y permitir que transforme nuestra manera de pensar y actuar. Así pues, crecer en la fe implica aprender a examinar constantemente nuestra vida a la luz de su Palabra y responder con fidelidad a lo que Dios nos enseña. Sigamos creciendo.







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