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Seamos justos

Mateo 5:17-20


Jesús es el modelo de una nueva norma de vida; una en la que las enseñanzas de justicia dadas por Dios desde la antigüedad se hacen realidad en la vida del ser humano; una en la que el ser humano puede llegar a tener unas garantías de respeto, tolerancia y hermandad. En este contexto pudiéramos comprender la justicia como un acto de equidad en el que no favorecemos a unos mientras dañamos a otros.


En su ministerio, Jesús llamó la atención de sus seguidores al exhortarles que su luz alumbre a través de sus buenas obras. Estas obras debían estar en armonía con la ley de Dios. Para ejemplificar esto Jesús hace un contraste con los escribas y fariseos quienes tenían reputación de ser los guardianes de la ley. Ellos le daban mayor importancia a las experiencias rituales que a las personas a quienes dichos ritos debían servir. A los escribas y fariseos, Jesús los denunció como hipócritas. Lo hizo no con la intención de minimizarlos o con la intención de socavar la autoridad de la ley judía o de los profetas. ¡De ninguna manera! Jesús lo hizo porque ellos “ataban cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo las quieren mover”. Jesús denunció esto para revelar cuál era el verdadero cumplimiento de la ley. Como resultado, esto provocó que los escribas y fariseos consideraran a Jesús como uno que quería destruir los vínculos con la ley antigua.


El verdadero cumplimiento habría de satisfacer el corazón del ser humano porque no sería una ley externa o superficial, sino que estaría arraigada en lo más profundo del ser humano. Segundo, habría de impactar nuestro raciocinio porque nos llevaría a hacer lo que es honrado, confiable y sano. Tercero, nos recuerda que hacer justicia parte de una exhortación divina, pues para ello “hay que tener hambre y sed de justicia”. Cuarto, el verdadero cumplimiento de la justicia nunca nos llevará a glorificarnos a nosotros mismos; por el contrario, llevará a otros a glorificar a Dios por causa de nuestras buenas obras.


Hoy, la pregunta sería: ¿Estamos viviendo la verdadera justicia? El Señor nos exhorta a encarnar la verdadera justicia, de modo que podamos vivir en respeto, tolerancia y hermandad con todos/as.


Bendiciones,


Pastor Alberto

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