Memoria, lucha y esperanza
- Rvdo. Alberto J. Díaz Rivera

- hace 2 días
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Génesis 32: 22–31

La lucha entre Jacob y el ángel es una de las historias bíblicas más poderosas de transformación, identidad y misión. En ella encontramos a Jacob solo, en la oscuridad de la noche, cargando años de conflictos, engaños, temores y promesas inconclusas. Aquella noche era la víspera de un encuentro importante: la reconciliación con su hermano. Pero antes, necesitaba estar solo en el lugar donde Dios trabaja en lo más profundo del ser. Necesitaba reencontrarse consigo mismo y con Dios. Ante todo, necesitaba descubrir que su mayor victoria no era vencer, sino aferrarse a la bendición de Dios.
Al prepararnos para la celebración de nuestro Aniversario 126, debemos reflexionar en esta historia. Los aniversarios cobran sentido en la vida de la iglesia cuando miramos hacia atrás para ver la fidelidad de Dios, cuando asumimos los desafíos de nuestro presente y cuando nos extendemos con esperanza al propósito de Dios. Así pues, el aniversario no debe ser una celebración más, sino el momento en el que la iglesia reconoce que Dios ha estado presente aun en las noches más largas. Debe ser el testimonio de una fe “aferrada”, esta es, una fe que no huye del conflicto, que no teme a las preguntas, que no se rinde ante el cansancio. La iglesia que celebra reconociendo esta realidad es aquella que ha aprendido a sostenerse de Dios incluso cuando cojea, porque la cojera de Jacob no es vergüenza: es evidencia de que quien camina con Dios nunca vuelve a ser igual.
Algo más sucedió en esta historia: Dios cambió el nombre de Jacob a Israel, lo que marcó el inicio de una nueva identidad y una nueva misión. Este aniversario es una oportunidad para escuchar cómo Dios renueva el nombre, la visión y el propósito de la iglesia para el encuentro con sus semejantes.
Iglesia, el aniversario no se trata solo de recordar lo que fue, sino de discernir lo que será. Con esa actitud en mente, procuremos que esta celebración sea nuestro Peniel, es decir, el momento en el cual afirememos: “Hemos visto a Dios cara a cara, y nuestras vidas han sido transformadas”. Oremos al Señor para que en la lucha nos aferremos a Él, para que las marcas del camino nos recuerden de quién dependemos y para que Su bendición nos impulse hacia el futuro de esperanza que ya ha preparado.






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