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Yo sé los planes que tengo contigo: confiar cuando no entiendo

Jeremías 29: 10–11


Hace algún tiempo, en una de las reuniones de jóvenes de la iglesia, se realizó una dinámica muy significativa. Uno de los jóvenes debía caminar con los ojos vendados por una vereda llena de curvas, obstáculos y voces, muchas de las cuales lo dirigían hacia rutas equivocadas. En medio de ese ambiente confuso, la tarea de este joven consistía en discernir entre tantas voces, muchas de ellas familiares, aquella voz que realmente le ofrecía seguridad ante a lo incierto, lo confuso y lo desconocido.

 

La experiencia de Judá fue muy parecida. En su caminar, el pueblo dejó de escuchar la voz de Dios, y la reemplazó por voces que lo desviaron y lo hicieron tropezar. Como resultado, en lugar de alcanzar la plenitud nacional que anhelaban, enfrentaron el exilio, una experiencia que provocó una profunda crisis de fe y de identidad como pueblo. No podían comprender por qué estaban viviendo ese proceso ni por qué sería tan prolongado. En medio de esa incomprensión, Dios los invitó a confiar en Él, aun cuando no entendían lo que estaba sucediendo.

 

Quizá tú también estés atravesando situaciones que no logras comprender, experiencias que generan confusión, inseguridad o temor. Si es así, afina tu oído: Dios sigue hablando. Recuerda que su carácter es siempre de bien y no de mal. Permite que este proceso te haga crecer; el resultado será de bendición y el camino, de formación. Sé paciente: Dios te guiará.

 

Cuando tú solo alcanzas a ver un fragmento del sendero, Dios ya contempla el panorama completo. Esa es la razón por la que podemos confiar incluso cuando no entendemos: porque Él conoce el plan.

 
 
 

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