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Una carta de gratitud y amor a la Primera Iglesia Bautista de Caguas

Doy gracias a Dios cada vez que me acuerdo de ustedes. Siempre oro con alegría por todos ustedes. Me alegro mucho que me hayan ayudado siempre que he anunciado la buena noticia de salvación…” —Filipenses 1:3-5


Esta carta del apóstol Pablo a los Filipenses comienza con una hermosa expresión de gratitud. Estas mismas palabras hoy me sirven para expresar mis sentimientos ante este momento de culminación de lo que han sido poco más de dos años de pastorado interino y 15 de colaboración en los ministerios de la iglesia. En su carta, Pablo escribe desde una distancia de varios años desde que realizó su ministerio y fundó la iglesia. En mi caso, aunque no me he separado aún, ya siento que les añoro y escribo como quien mira lo que deja atrás.


La primera expresión es de gratitud a Dios. Comprendo de manera especial esta expresión del apóstol, pues en mi caso significa reconocer “a viva voz”, que esta experiencia ministerial fue una dádiva de Dios. Y cuanto más lo pienso me doy cuenta que fue así. Nunca estuvo en mis planes el asumir una función pastoral una vez saliera el pastor Maurás. De hecho, en varias ocasiones bromeamos sobre el hecho de coordinar mi salida juntamente con la suya, pues entendía que la razón por la cual me quedé en la iglesia de Caguas al regresar de España fue por la invitación del Rvdo. Maurás. ¡Pero sin dudas, Dios tenía otros planes! Y así, esta respuesta dudosa a la solicitud de la iglesia a través del entonces Consejo Directivo, presidido por el Hno. Frankie Guevara, se convirtió en una maravillosa oportunidad para recibir las bendiciones que el Señor tenía para mí en esta etapa del camino ministerial.


Continúa de parte del apóstol una expresión de gozo, pues afirma que, “siempre oro con alegría”. Una de los dones que me ha dado el Señor es el del gozo, es decir, de sentir contentamiento y alegría por el trabajo y aún ante los retos que han de enfrentarse. Es una manera de ver y de vivir la vida. Estos han sido dos años que, si bien disfrutamos de experiencias nuevas que nos dieron mucha alegría y satisfacción, también enfrentamos grandes desafíos. No es necesario hacer la lista, pues todos y todas las conocemos, más, sin embargo, ante todo esto, sentimos el gozo de no sólo sabernos acompañados(as) del Señor, sino además de recibir el acompañamiento solidario de nuestros hermanos y hermanas. Un gozo que no depende de nuestros estados anímicos, ni tampoco de nuestro bienestar pasajero, sino de la certeza de que Dios ve, lo que no vemos y por eso, podemos confiar en su gracia maravillosa.


Como el apóstol Pablo, yo también les aseguro que, cada vez que les traiga a mi memoria, sentiré una gratitud en mi corazón y saldrá una sonrisa de mis labios, porque recordaré siempre su acompañamiento, su apoyo, su solidaridad y sobre todo su amor para conmigo.


Les dejo pues, con esas mismas palabras que una vez fueron dirigidas a una iglesia amorosa de parte de un pastor agradecido. Sí, hoy esta pastora agradecida, te dice a ti, amada Primera Iglesia Bautista de Caguas, “estoy convencida de esto: Dios, que comenzó tan buena obra en ustedes, la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.


Con Amor, su pastora

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