Brillemos al andar como hijos de luz
- Pastora Berquis Torres
- hace 1 minuto
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Efesios 5: 8

Hay cánticos que nunca olvidamos. Uno de ellos para mí es “Brilla en el sitio donde estés…”. Cuando era niña, lo aprendí en la Escuela Bíblica. En aquel momento era divertido hacer los gestos con las manos para la parte de “brillar”. Hoy aquella lección sencilla resume perfectamente Efesios 5:8. Dios no prometió eliminar toda la oscuridad del mundo; prometió poner su luz dentro de nosotros para que otros encuentren el camino.
Vivimos con más tecnología que nunca, pero también con más ansiedad, soledad y desesperanza. Hemos iluminado nuestras ciudades, pero el corazón humano sigue necesitando la luz de Cristo. En Efesios 5:8, Pablo resume la vida cristiana en tres palabras:
· Tinieblas (lo que éramos)
· Luz (lo que ahora somos)
· Andad (cómo debemos vivir)
Pablo escribe desde una prisión romana a los creyentes de Éfeso, una ciudad famosa por el templo de Artemisa, la idolatría y las prácticas ocultistas. Las personas en Éfeso eran tinieblas por sus malas acciones y por su condición espiritual. Hoy las tinieblas tienen otros nombres como el materialismo, individualismo, violencia, adicciones, soledad y orgullo, entre otras cosas. La oscuridad continúa existiendo, aunque haya cambiado de apariencia. La buena noticia es que ahora los creyentes en Cristo somos luz, porque Cristo no solamente cambia nuestras acciones: transforma nuestra identidad. Aunque nosotros no somos quienes producimos esa luz, por la gracia de Dios, la podemos reflejar.
Steve Pemberton, en The Lighthouse Effect, explica que su vida cambió porque encontró personas que fueron como faros. No resolvieron todos sus problemas, pero permanecieron firmes iluminando su camino. Así también Dios nos llama a convertirnos en faros para otros.
No basta con conocer la verdad. Hay que vivirla. Estamos llamados a caminar como hijos de luz, reflejando a Cristo en nuestro diario vivir. Recordemos que la fe se demuestra caminando. Como hijos de luz perdonamos, servimos, hablamos con la verdad, vivimos con integridad, llevamos esperanza y amamos aun cuando resulta difícil, entre muchas otras cosas.
Todos necesitamos recordar de dónde Dios nos sacó. La memoria del pasado fortalece nuestra gratitud. Jesús es la Luz del mundo; Él es nuestra luz, nos ilumina, nos sana, nos perdona. Su luz vive en nosotros para que brillemos en el sitio donde estemos, para que seamos como faros de luz; tal y como escribió Steve Pemberton: "Un faro no detiene la tormenta; permanece firme para que otros encuentren el camino".
Que nuestra vida sea ese faro firme que ilumina a otros para encontrar el camino de LUZ. Porque un día fuimos tinieblas, ahora somos luz en el Señor, y nuestro llamado es a caminar cada día como hijos de luz.


