¡Talita cumi!
- Rvdo. Alberto J. Díaz Rivera

- 20 sept 2025
- 2 Min. de lectura
Marcos 5: 35–43

El pasaje considerado forma parte de una narrativa de dos milagros, la sanidad de la mujer del flujo de sangre y, la que estamos considerando, la sanidad de la hija de Jairo. Aunque considerar ambas historias nos permite hacer paralelos que enriquecen nuestra interpretación del texto, en esta ocasión les invito a concentrar nuestra atención en el milagro de la niña.
En esta historia podemos observar tres acciones de Jesús. La primera es que se hace presente en un escenario de muerte. Pareciera que para el autor del evangelio de Marcos los contrastes entre muerte y vida son medulares para transmitir lo que Jesús puede hacer en la vida del ser humano. Recordemos la historia que antecede a esta, el endemoniado de Gadara. Aquel hombre que vivía entre sepulcros, es decir, en un escenario de muerte, salió al encuentro con Jesús. Como resultado, fue liberado y anunciaba las cosas grandes que Jesús había hecho con él. Así pues, la muerte es más que la terminación de la vida, es también la enfermedad del alma, la marginación social, los escenarios de temor, la carencia de esperanza y las restricciones religiosas que limitaban una plena relación con Dios. Según el testimonio del evangelio, cada vez que Jesús se encontraba con un ser humano en estos escenarios de muerte, su vida era transformada.
Esto porque la presencia de Jesús no es impersonal; todo lo contrario, su presencia es única, personal e íntima. El texto nos recuerda que, ante la falta de fe y la burla de quienes llenaban aquella casa, Jesús tomó al padre y a la madre de la niña y se acercaron a ella. ¡Eran ellos los que sufrían, eran ellos los que se encontraban en el valle de la sombra y de la muerte! Mientras el gentío miraba con incredulidad, Jesús enseñaba a aquellos padres a mirar desde los ojos de la fe. Mientras las burlas se hacían oír como ruido, él les enseñaba a discernir la voz de Dios. La tercera acción nos recuerda que el Señor siempre nos dará la palabra que necesitamos. Precisamente, eso es lo que transmite la frase “Talita cumi” (que significa “Niña, a ti te digo levántate”). Levantarnos de los escenarios de muerte es el llamado divino a nuestras vidas. Ese llamado nos recuerda que tal acción no depende solo de nuestras capacidades. ¡De ninguna manera! Nos levantamos por la palabra de Dios, por el poder que transforma la escasez en provisión, la enfermedad en salud, la duda en convicción, las ataduras en libertad y la muerte en vida.
Hoy el Señor te dice: ¡Levántate!










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