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Somos una iglesia firme

Efesios 6.10-18


La firmeza ha sido definida como entereza, constancia o la fuerza de quien no se deja dominar o abatir. También se ha definido como voluntad inquebrantable. En nuestro imaginario mental, firmeza es constancia, es permanecer y, en un lenguaje más popular, es no quitarse. Hace unos domingos les comentaba sobre una carrera de atletismo que tuve la oportunidad de ver. En la misma, salieron todas las corredoras a la misma vez con el propósito de perseguir su meta. En la segunda vuelta, una de las corredoras cayó al suelo. Esta caída no solo la ponía en un lugar de desventaja, sino que minimizaba las posibilidades de que aquella joven llegara a la meta en uno de los primeros lugares. Sin embargo, la caída no fue impedimento para que aquella joven se levantara y retomara la carrera. Si la caída fue sorpresiva, aun más sorpresivo fue la fuerza con la que aquella joven retomó la carrera y la ventaja que alcanzó, llegando en primer lugar.


Así como esta corredora, la iglesia de Éfeso necesitaba mantenerse firme. Eran muchos los retos a los que habían tenido que hacer frente. Había retos internos como la pérdida de líderes que les guiaban, tenían poco conocimiento en áreas medulares de la fe, necesitaban crecer en sus relaciones de amor entre hermanos en la fe y en el testimonio hacia aquellos que no eran parte de la congregación. Como si esto fuera poco, también tenían que enfrentar la influencia que representaba para la iglesia el culto a Diana, la magia (como negocio que manipulaba a la gente) y la presión del gobierno para quienes no reconocían la divinidad del César. Esto, entre muchas otras cosas, amenazaban la salud espiritual, las relaciones y hasta su existencia como iglesia.


Para permanecer, los efesios debían fortalecerse. Lo harían acercándose más a Aquel que los había llamado, y recibiendo el poder que les capacitaría para continuar su misión en el mundo. Se fortalecerían “vistiéndose de toda la armadura de Dios”, esto es, utilizando aquellas características que le harían firmes como iglesia. Es importante destacar que el autor no hace alusión a una vestimenta individual, por el contrario, esto era un esfuerzo colectivo. Como resultado, estos recursos les harían fuertes ante los engaños del pecado, las tentaciones de la vida y el día malo. También les fortalecerían para encarar aquellas “fuerzas espirituales de maldad” que vienen a perturbar la vida y desvirtuar los propósitos de Dios.


De la misma manera, como iglesia debemos ser firmes, pues solo de esta manera lograremos vencer temores que perturban y superar dificultades que buscan alterar nuestra misión. Algunos de estos temores o dificultades son internos y otros externos. Unos generan tensiones en el interior de la iglesia, otros preocupaciones o ansiedades por el clima social que vivimos. Ante estos retos, nuestra respuesta debe ser nutrirnos de los recursos que Dios pone a nuestra disposición y fortalecer nuestras relaciones para que estas sean fuente de ánimo, apoyo y ayuda a nosotros/as y aquellos/as que nos rodean. Estos recursos serán una constante en nuestra vida que nos capacitarán para mantenernos firmes contra el mal.


Iglesia, así como aquella joven se levantó del suelo y con firmeza continuó corriendo hasta llegar a la meta, seamos una iglesia firme en el peregrinar al cual hemos sido llamados/as. Seamos una iglesia firme, en la práctica de la verdad, la justicia, la paz, la fe, la salvación, la Palabra de Dios, y la práctica de la oración. Seamos una iglesia firme, que vive estos valores en el interior de la iglesia y en la sociedad que nos rodea. Seamos una iglesia firme, siendo fuente de apoyo para con quienes caminamos. Seamos una iglesia firme, no para impresionar multitudes, sino para obedecer a nuestro Maestro.


¡Seamos una iglesia firme, sin temor alguno, pues Jesús nos ve!


Pastor Alberto

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