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“Pedid”

Mateo 7:7-12


Hace varios años, mientras participaba del trabajo de un comité, se mencionaban nombres de personas a las cuales se les pediría su colaboración. Recuerdo que, cada vez que se mencionaba un nombre, los miembros del comité levantaban la mano y decían: “yo hago el acercamiento”. Sin embargo, había un nombre en particular que cada vez que se mencionaba había silencio; nadie levantaba la mano por lo que se continuaba con los otros nombres. Yo no sabía por qué nadie tomaba aquel nombre y muy inocentemente, cuando su nombre se mencionó por tercera vez, levanté la mano; no conocía a aquella persona, pero cada uno de los que allí estaban si le conocían. Su fama no era la mejor; inmediatamente me contaron del trato grosero de aquel hombre hacia las demás personas y de lo difícil que era de tratar. A pesar de lo que escuché, decidí darme la oportunidad, pues no le conocía. Días más tarde, al comenzar a tratar con él, me di cuenta de que la misión que asumí para el comité sería un fracaso. Mas asumí otra misión: tratar de llegar a la vida de aquel hombre con el amor de Dios.


El proceso no fue fácil; hubo momentos en los que sus actitudes me hacían exteriorizar mis defectos. Les confieso que en ocasiones me enfadaba tanto que, cual apóstol Pablo, se lo quería entregar a Satanás. Constantemente pedía a Dios por aquel hombre y por sabiduría para poder llegar a él; ya no sabía qué hacer. Un día aquel hombre necesitó de la ayuda de otro, y fue en ese momento cuando tuve la oportunidad de ayudarle. Fue aquella experiencia de servicio la puerta para poder compartir con él el amor de Dios.


En unos versos anteriores a los considerados (versos 1 al 6), Jesús amonestó a sus seguidores por juzgar a los demás: les exhortó a no ser criticones de otros, sino constructivos en la vida de quienes les rodean. Pareciera que el pasaje que acabamos de considerar está desconectado de esos versos anteriores, pero nada más lejos de la verdad, pues aquellos primeros versos son los que originan los que hoy estamos considerando. Son los que nos recuerdan que, para responder efectivamente en la vida de otros/as, nos es necesario la oración y el esfuerzo continuo. Para esto Jesús nos hace una triple exhortación, de la cuale hoy consideraremos la primera: pedid.


En este pasaje, “pedid” hace referencia a una solicitud o demanda por algo que se debe hacer. Ahora, ese “pedid” no hace referencia a una petición por la cual recibiremos un favor personal, sino que es una petición para que podamos ser de bendición a otros. Con esto Jesús nos recuerda que para ser de bendición a otros/as debemos ser humildes en reconocer que necesitamos de Dios. Lo segundo que nos enseña el “pedid” es que podremos propiciar tal comunión con Dios, que nuestra fe será firme y creeremos que Dios habrá de responder. Solo esto hará posible que podamos responder afirmativa y responsablemente a los conflictos en nuestras relaciones humanas.


Aquella experiencia de la cual les contaba al principio me enseñó que, para ser de bendición a la vida de aquel hombre, quien tenía que ser transformado no era él, sino yo. Pidamos a Dios ser transformados/as para ser de bendición a otros/as.


Bendiciones,


Pastor Alberto

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