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Himno a Cristo

Colosenses 1: 15-20

 

La música ha sido una parte importante de la adoración y del quehacer teológico de la iglesia cristiana desde sus inicios; el Nuevo Testamento contiene prueba de ello. Nosotros hemos adoptado esta herencia de tal manera que la música forma parte de cada una de nuestras experiencias importantes.


El texto considerado es un himno en el cual Cristo es la figura central. El mismo pudo haber sido un himno prepaulino que afirmaba la preexistencia de Cristo antes de la creación y que le identificaba como el autor de la redención; afirmando así que, antes de que lo creado existiese, ya Cristo era; afirmando también que, por la existencia y el obrar de Cristo, el ser humano tiene redención. Así pues los cánticos se convirtieron en una manera adicional para instruir en la fe, en particular para confrontar mensajes erróneos que influenciaban en la vida de la iglesia de Colosas, mensajes que negaban, entre otras cosas, la existencia física de Jesucristo, y que señalaban a las criaturas celestiales como mediadores entre Dios y el ser humano.


Como resultado de la afirmación de este cántico, la iglesia de Colosas podía testificar, entre otras cosas, que el mensaje del evangelio que les fue compartido les revelaba a Aquel que es el autor de todo lo creado y que, además, les reconcilió consigo mismo. Pienso que, al citar este himno, el autor de Colosenses tenía en mente lo señalado por el salmista en el Salmo 113.5-6: “¿Quién como Jehová nuestro Dios, que se sienta en las alturas, que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra?”. Pues así es nuestro Señor: creador de todas las cosas y reconciliador de todas las vidas.


Lo considerado trae a mi memoria la experiencia de un compañero pastor, quien en una ocasión, mientras compartía junto a otros colegas en su casa, intentaba definir teológicamente quién es Jesús. Allí se compartieron muchas definiciones basadas en diversas visiones teológicas, mas una resaltó sobre todas. La hija del compañero pastor, una niña de aproximadamente seis años dijo: “Papá, Jesús es tan grande que no cabe en el cielo y tan pequeño que cabe en mi corazón”. Me parece que la expresión de esta niña resume el himno que hemos considerado; Aquel a quien servimos es tan grande que es creador y tan personal que es reconciliador. ¡Que hoy ese sea nuestro cántico!


Bendiciones,


Pastor Alberto

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