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Fe que nos mueve a confiar

Hebreos 11.23-26

 

La historia de Moisés es una de las historias más cautivantes del Antiguo Testamento, tanto así que ha servido de inspiración para obras, series y películas que tratan de representar la liberación del pueblo hebreo bajo el liderato de Moisés. Para el autor de Hebreos, esta historia también sirvió como un ejemplo para la comunidad a la cual le escribía y de invitación a caminar en fe.


La fe de Moisés no nace en el vacío: nace de una fe que le fue modelada desde apenas haber hacido. Debemos recordar que, según la historia del libro de Éxodo, el Faraón había mandado a asesinar a todos los varones recién nacidos. Ante esto, sus padres tomaron una acción osada: lo pusieron en un canastillo y, como resultado de tal acción, Moisés no solo sobrevivió, sino que fue rescatado por la hija del Faraón. Este acto de fe, además de salvar la vida del niño, permitió que Moisés pudiera estar en contacto con su madre.


Moisés demostró su fe al renunciar al privilegio e identificarse con los oprimidos: sus hermanos hebreos. Hacer esto era en sí mismo un acto de valor y fe, pues, con su madurez y educación, Moisés conocía las implicaciones de sus acciones. Según Esteban (Hechos 7:25), Moisés pensaba que sus hermanos entenderían que él les libertaría, pero no fue así. A pesar de su preparación en la casa de Faraón, Moisés no estaba listo para dirigir al pueblo. De igual manera, el pueblo no podía visualizar a un líder que les guiara hacia la libertad. Por estas razones, Moisés tuvo que esperar al tiempo de Dios para ejercer el ministerio al cual sabía que Dios le había llamado.


El autor de Hebreos vio esta historia a la luz del amor de Jesucristo, pues, aunque Moisés nunca utilizó el término “Mesías”, sí tuvo plena confianza en la presencia de Dios en su vida, al escoger ser maltratado junto a otros, pues creía en el plan de Dios y en su propósito de vida. En su soberanía, Dios recompensa a quien le busca con fe.


Que esta historia sirva para animarnos a fortalecernos de tal manera en la fe, para que esta se pueda ver en nuestras acciones, así como en la capacidad de discernir a quienes Dios nos llama como pueblo suyo y portadores de esperanza. Puesta nuestra confianza en Dios, creemos que, a pesar de las dificultades propias del camino, Dios está con nosotros/as.

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