Esperanza en el exilio: Dios no ha terminado
- Rvdo. Alberto J. Díaz Rivera

- hace 4 días
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Jeremías 29: 1–7

Hace varios años vi una imagen que me impactó mucho. En ella se mostraba el tronco de un árbol cortado casi al ras del suelo. Para quienes amamos la naturaleza, aquella escena resultaba dolorosa, casi un símbolo de pérdida. Sin embargo, algo inesperado transformaba la imagen: del pedazo de tronco cortado brotaba una pequeña rama, y en esa rama colgaba un mangó. Lo que había sido un acto de muerte se convirtió en un testimonio de esperanza.
El pasaje considerado transmite una realidad similar. El pueblo había sido sacado de su tierra, cortada su historia y su seguridad. Aun así, había esperanza, pues la esperanza bíblica no niega la crisis, la transforma. Comprender esta verdad nos permite descubrir cómo Dios obra en nosotros, especialmente en escenarios en los que nunca hubiéramos elegido. Es reconocer que Dios toma toda nuestra realidad, por dura que sea, y la llena de propósito.
Saber que hay esperanza nos permite vencer la inmovilidad. Nos impulsa a actuar: a construir, plantar, multiplicarnos, buscar la paz y aprender a vivir con propósito aun en la incomodidad. ¿Cuáles pueden ser esas incomodidades? Las crisis personales, familiares y sociales. También lo son la violencia que mata, la criminalidad que acedia, la corrupción que daña, la inflación que limita, etc. Vivir con propósito en medio de esta realidad no es evasión; ¡de ninguna manera! Es testimonio vivo de nuestra fidelidad a Dios.
Tal vez te has sentido cortado, sin esperanza, sin salida. Si es así, recuerda esto: Dios está. Dios le da propósito a tu realidad. Dios provee esperanza en tu crisis. Porque, aunque a veces no lo veas, Dios no ha terminado contigo.










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