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Confiamos en el plan de Dios: un futuro de esperanza

Mateo 2: 1–12 | Jeremías 29: 11



El pasaje considerado nos presenta a unos magos que encarnan una espiritualidad orientada hacia la confianza en Dios. Sostenidos en esa confianza, pudieron discernir que aquella estrella no era como las demás de la creación, sino que era un signo que les habría de guiar de lo conocido a lo desconocido. Seguramente no comprendían todos los detalles, pero emprendieron el camino. Esa disposición a avanzar sin certezas absolutas es precisamente la que refleja una fe que se abre al misterio del plan divino. Su caminar nos enseña que el discernimiento no es pasividad, sino una búsqueda activa que se deja guiar por la luz que Dios ofrece y que conduce a un encuentro con él.


Al llegar a donde estaba el niño, su adoración se convirtió en entrega y aquellos tesoros en símbolo de vidas que se abren para ofrecer sin reservas lo mejor de sí mismos, pues la adoración que Dios espera de sus hijos va más allá de un acto litúrgico o de una entrega material: es aquella que reconoce que Dios merece nuestra confianza total, porque su presencia transforma nuestro presente y orienta nuestro futuro.


Aquellos magos obedecieron la advertencia divina y regresaron por otro camino, desafiando las órdenes de Herodes. ¡Que convicción! Antes que someterse al miedo o al poder humano, eligieron alinearse con la voluntad de Dios. Esa decisión protegería al Mesías, y los convertiría en colaboradores del propósito divino.


Me parece que Jeremías 29: 11 ilumina este relato: “Porque yo sé los planes que tengo para ustedes… planes de bienestar y no de mal, para darles un futuro y una esperanza”. Los magos no conocían todos los detalles del plan celestial, pero confiaron en la guía de Dios. Así también, Jeremías le recuerda a un pueblo en crisis que Dios no improvisa: su propósito es de esperanza, aun cuando las circunstancias parezcan inciertas. La historia de los magos y la promesa de Jeremías convergen en un mismo llamado: confiar en el plan de Dios.


Discernir con valentía, adorar con entrega y obedecer con convicción nos permiten caminar hacia ese futuro de esperanza que Dios ya ha preparado.

 
 
 

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