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En todo tiempo, nos instruye y dirige la Palabra

Quien oye estas palabras y las pone en práctica, es como la persona prudente que construye su casa sobre la roca.”.

Mateo 7:24


En este texto del evangelio de Mateo, Jesús nos presenta con una parábola donde nos habla del contraste entre la roca y la tierra movediza, en lo que se refiere al fundamento sobre el cual construimos nuestra casa.

Nadie intencionalmente construye una casa, invirtiendo su dinero y recursos, en un lugar que sabe de antemano que no es el apropiado. En otras palabras, nadie se para en un terreno pantanoso y a conciencia decide construir su casa en ese lugar. Pues, si la casa se construye sólo teniendo en cuenta los días soleados y la brisa suave, cualquier terreno nos puede servir. Pero si lo que deseamos es que nos proteja de las lluvias y los vientos huracanados, entonces hemos de asegurarnos que nuestro fundamento sea el apropiado. Esta ilustración de Jesús encierra un mensaje pertinente también para nuestro tiempo. Es momento cuando nos preguntamos, sobre qué fundamento se sostiene nuestra vida.

Vivimos en una sociedad en la que, de muchas maneras, se evidencia cómo se ha sustituido la “roca”, es decir, lo sólido, lo íntegro, lo esencial, por el “terreno movedizo”, de lo falso lo artificial, que pone en peligro nuestra estabilidad social, económica, moral y espiritual. Es decir, hemos sustituido lo fundamental con lo pasajero.

Vivimos en una sociedad que ha perdido la fe y la confianza. Nos sentimos que las personas nos defraudan. Líderes, de todo tipo, aún religiosos, nos defraudan. Y si bien es cierto que no debemos elevar a otros seres humanos al nivel de la deidad, aun así, no dejamos de sentir frustración y molestia por lo que vemos a nuestro alrededor.

Quienes construyen su fe, en el terreno movedizo de la voluntad humana, de las emociones humanas o de las limitaciones humanas, se encuentran en un terreno que en el momento menos esperado puede desvanecerse bajo sus pies.

Por eso, nuestro fundamento, como también nuestro derrotero, sólo puede encontrarse en Cristo el Señor. Cuando nuestra mirada está puesta en Jesús y nos sostenemos en Él como nuestra roca firme, ni las tormentas, ni los vientos, por fuertes que sean, podrán derribarnos, porque nuestra vida está construida sobre la roca, nuestro fundamento firme.

La iglesia se levanta como proclamadora de esperanza porque sabe en quién ha creído. Y ha creído en un Dios real, que no se deja manipular, un Dios que no defrauda a nadie. Cristo es la piedra firme en la cual se sostiene nuestra vida. Y como el salmista decimos; “llévame a la roca que es más alta que yo”…roca de esperanza, roca de fortaleza, roca de seguridad, roca de amor, roca de misericordia, roca de perdón, roca de vida.

No te dejes engañar. ¡Construye tu casa sobre la roca que es Cristo Jesús!

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