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Con fe y obediencia

Génesis 12:1-3

 

La vida está llena de deberes y responsabilidades que van desde lo más sencillo —como cuando de niños nos encargaban recoger nuestro cuarto— hasta lo más complejo —como cuando se nos encomienda el cuidado y bienestar de una familia—. La Biblia está llena de historias de hombres y mujeres que recibieron grandes encomiendas por parte de Dios. Abraham fue uno de esos hombres. La historia de Abraham nos presenta una encomienda desafiante y retadora. Abraham fue llamado a dejar todo lo que hasta el momento había conocido para emprender una travesía hacia lo desconocido. Dios le dice que deje, que abandone, que salga de su país, de su cultura, de su comunidad y de las comodidades que le había provisto por tantos años estar bajo la cobertura de su padre. Dios le estaba pidiendo a Abraham que rompiera con lo que hasta entonces le había provisto seguridad y estabilidad. Humanamente hablando aquello era una locura. Pero con aquel reto, Dios también le estaba ofreciendo un futuro glorioso. “Déjalo todo, sígueme, que te convertiré en una gran nación y te bendeciré. Te haré famoso y haré que seas una bendición para otros”. Era un desafío con promesa que iba a requerir grandes sacrificios y grandes cambios, pero, como resultado, le traería gloria y bendición a él y a sus descendientes. Es interesante ver cómo Abraham respondió al desafío que le hace Dios. Nos dice Hebreos 11:8 que Abraham obedeció por fe. En realidad, al momento de su llamado, Abraham no tenía la menor idea de lo especial de aquella encomienda. La dimensión espiritual de su llamado requería un discernimiento espiritual. Dios andaba en busca de un hombre que se convirtiera en la cabeza de su pueblo escogido. La edad de Abraham, el éxito financiero que gozaba mientras vivía en Ur de los Caldeos y su trasfondo religioso y cultural no le favorecían para la labor encomendada. Sin embargo, Abraham le cree a Dios. En obediencia, acepta el reto y se somete a la voluntad de Dios. Es entonces que comienza la aventura y el proceso de convertirse en siervo y mayordomo de Dios. La fe y la obediencia de Abraham a lo largo del cumplimiento de su encomienda nos invitan a reflexionar en nuestro desempeño como mayordomos de Dios. Nosotros también hemos recibido una invitación a participar en los planes divinos que va más allá de hacer pública profesión de fe y bautizarnos. Cada uno de nosotros ha recibido un desafío de abandonar todo lo que humanamente nos ha provisto seguridad y bienestar para caminar en fe y obediencia hacia la realización de los planes de Dios, los cuales nos ofrecen “un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11).


Les exhorto a aceptar el desafío y abrazar la encomienda, tal como lo hizo Abraham, con fe y obediencia.

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