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Como Cristo

Jeremías 23: 1–8

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Hace algún tiempo, en una reunión de la que participaba, se hablaba de la importancia que debemos darle a cómo hacer las cosas. Esto es especialmente importante porque muchas veces, en la vida cristiana, sabemos responder al qué, es decir, a lo que Dios espera de nosotros, a lo que debemos trabajar o a lo que debemos dar. Sin embargo, corremos el riesgo de ignorar cómo vivir de la manera que Dios espera, o cómo trabajar para el Señor o cómo darnos de la manera que Dios espera.

 

El pueblo de Judá sabía lo que Dios esperaba de ellos, pero lamentablemente no sabían cómo cumplir con ello. Ejemplo de esto es la amonestación que el profeta hace a varios reyes (cap. 22) “que hicieron lo malo ante los ojos de Jehová” por comportamientos perversos, gobiernos déspotas, etc. Ciertamente, Judá era como una vasija quebrada: como pueblo, estaban rotos. Esta situación se agudiza con el hecho de que, como pueblo, creían que solo con el cumplimento de exigencias religiosas se convertían en hacedores de la voluntad de Dios. Esa es la razón por la que Jeremías les reprochó y les reclamó, acto que la comunidad no vio con buenos ojos. Ellos tenían un “corazón falso y rebelde” (5: 23).

 

Pese a esta realidad, el escrito presenta un tono de esperanza acompañado de tres promesas: la restauración del pueblo, la restauración de la casa de David y la restauración después del exilio. Estas promesas serían realidad, primero, si vivían el “derecho y la justicia”, lo que implica, no solo conocer las enseñanzas divinas, sino vivirlas, segundo, cuidando de los más vulnerables y, en tercer lugar, “amando a otros como a sí mismos”.

 

Para nosotros como iglesia, la teología de Jeremías es de vital importancia, pues fue la que sirvió como base para el mensaje de Jesús durante su última semana antes de su crucifixión. Su pasión y muerte fueron la demostración de un nuevo pacto. Así pues, estas palabras del profeta deben servirnos como referente para responder al cómo. Es decir, cómo vamos a vivir, cómo vamos a servir y cómo vamos a amar. La respuesta es y seguirá siendo: viviremos, serviremos y amaremos como Cristo.

 
 
 

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