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¡Bienaventurados/as! — Parte 2

Mateo 5.7-12

 

Hay momentos en la vida en los cuales parece que uno pisa y no arranca. Estos son aquellos momentos en los que la situación que enfrentamos parece que no terminará, manteniéndonos en jaque. Así parece suceder con los aumentos del Covid y las hospitalizaciones en nuestro país. Respetuosamente pienso que parte de la situación que estamos viviendo no es solo porque necesitemos medidas más estrictas, sino, por un problema que en el fondo es mayor. Entiendo que como sociedad estamos cosechando el fruto del individualismo que se ha sembrado. Las fiestas multitudinarias en las playas, las fiestas clandestinas, los comercios abarrotados y la falta de un cuidado comunitario es el resultado de una sociedad que nos ha enseñado que hay que tener todo lo que deseamos y que uno piensa en uno primero y luego en otros.


Las bienaventuranzas que Jesús compartió en el Sermón del Monte reflejan, entre otras cosas, cuáles deben ser nuestras motivaciones como creyentes. Jesús las resume en tres características que debemos considerar. En primer lugar, la capacidad de ser misericordiosos: misericordia viene del griego “eleos” que tiene que ver con el dolor, la miseria y la aflicción que experimentamos, todo ello como resultado del pecado. En otras palabras, Jesús nos invita a hacer con el otro/a lo que Él ha hecho y hace por cada uno de nosotros/as. Cuando Jesús habla de los misericordiosos habla de aquellos que sobreponen o anteponen la necesidad del otro/a ante cualquier otra consideración personal. Segundo, es necesario tener un corazón limpio: la limpieza del corazón se ha considerado como una expresión de limpieza interior de aquellos/as que han sido limpiados/as de inmundicia moral. Jesús trató este asunto en una controversia con los fariseos y señaló la obsesión de ellos por la limpieza ceremonial. Por último, encontramos la necesidad de ser pacificadores/ras: la pacificación es una obra divina porque paz significa reconciliación; y, Dios es el autor de la paz y de la reconciliación. Así es el obrar de Jesús: en palabras del apóstol Pablo, mediante Cristo a Dios le agradó “reconciliar consigo todas las cosas…”.


El ser llamados/as bienaventurados/as debe afectar de tal manera nuestro carácter y motivaciones de vida que estemos dispuestos/as a hacer lo que es justo para nosotros/as y para otros/as, aunque eso pueda costarnos. Pues el hombre y la mujer bienaventurado/a sabe que el resultado último de sus acciones siempre serán resultados de vida.


Bendiciones,


Pastor Alberto

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