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Amar requiere acciones

1 Juan 1: 1–10

 

Próximamente nuestra sociedad celebrará el día del amor y la amistad. Sin embargo, dicha celebración es una fiesta comercial que nos motiva al consumo y que puede llegar a distraernos del verdadero significado del amor. Ante esto, es importante hacer conciencia de lo que significa el amor y sus implicaciones.


Pareciera que los cristianos de finales del siglo I enfrentaban ciertos distractores que les habían hecho olvidar el verdadero significado del amor. Ante este evento alarmante, el autor de la carta hace un contraste con el propósito de demostrar a aquella comunidad el verdadero significado del amor. Por un lado, les exhortaba a ser de quienes podían “ver”, es decir, atestiguar cuál era el origen del amor. Para el autor, el amor se origina en Dios y la mayor prueba de Su amor es que nos ha hecho sus hijos y, a pesar de la limitación producida por el pecado, nos ha permitido conocerle. Sin embargo, deja claro al lector que la limitación que produce el pecado será pasajera, por lo que el creyente puede vivir en esperanza. Contrario a los que pueden ver, el autor presenta a quienes a propósito rechazan la ley de Dios, así como la paz y santidad a la cual Dios les había llamado. Acto seguido le recuerda a su audiencia el mayor acto de amor de Jesús: la redención. El autor hace esto con el propósito de recordar a los creyentes que quienes ya han sido perdonados del pecado no deben ceder ante el pecado, pues quienes así lo hacen no han conocido a Jesús.


Luego de dicho contraste, el autor exhorta al creyente a la firmeza en la fe y a la vida justa, pues son esas acciones las que atestiguarán de quién somos hijos. Para el escritor bíblico, quien obra en justicia es hijo del Dios Justo, mas el que obra en pecado —como expresara San Agustín— “imita al diablo… se transforma en hijo suyo”. Según el texto, la mayor prueba de la vida justa y del quehacer de la voluntad de Dios es el amor a nuestro hermano, es decir, a nuestro prójimo, a aquellos a quienes Dios ha puesto en nuestro caminar.


A la luz de este pasaje, somos llamados a celebrar en nuestra jornada de vida el verdadero significado del amor. Esto es, reconocer a Dios como originador del amor y como Aquel que, a pesar de nuestras limitaciones humanas, nos hace hijos suyos y nos permite experimentar su amor y vida para compartirla con otros. No nos distraigamos con la celebración que se acerca, celebremos el amor como Dios espera de nosotros: con acciones de justicia y de vida para con quienes nos rodean.

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