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Amando como Cristo

Gálatas 5:5-13


Al leer esta porción de la Escritura, viene a mi mente la escena de la salida de los hijos de Israel de la esclavitud en Egipto. Esto, ya que, según el relato, al llegar frente al Mar Rojo, algunos de aquellos que acababan de salir de la esclavitud desearon volver a Egipto como esclavos donde serían tratados y alimentados como tal, desechando así la posibilidad de la libertad en una tierra donde fluía leche y miel. Una experiencia similar vivieron los gálatas. Estos habían recibido la fe de Jesucristo, pero un grupo de judaizantes que se habían infiltrado en el interior de la iglesia, y que ahora formaban parte de esta, promovían insistentemente el que la iglesia volviera a los ritos de la ley como medio de justificación y de relacionarse correctamente con Dios. Ese pensar sería un volver a la esclavitud, como lo llegaron a pensar algunos de los hijos de Israel.


El apóstol Pablo condenó enfáticamente la enseñanza de los judaizantes, pues, entre otras cosas, era una carga que los mismos promotores de ella no podían llevar. También porque dicha enseñanza anteponía los ritos a las necesidades latentes de otros seres humanos. Para comprender esto mejor, debemos recordar la parábola del Buen Samaritano. En la misma había un hombre que había sido asaltado y dejado como muerto en el camino. Según el relato, un Sacerdote que bajaba de Jerusalén, del Templo luego de cumplir con los ritos de la Ley, pasó cerca de este hombre y, viéndole, siguió de largo. ¿Cuál sería la razón para seguir de largo? ¿Insensibilidad? ¿Falta de empatía? Definitivamente, esas también fueron razones para seguir de largo; sin embargo, pienso que fue el deseo de no verse involucrado con aquel que estaba en el camino.


Con su consejo pastoral a la iglesia de Galacia, Pablo pretendía marcar un contraste entre las exigencias de la Ley y las enseñanzas de Jesús. Ahora los ritos no tendrían valor, sino la fe que obra en amor. Es decir, la fe cobraría vida, no en una experiencia ritual, sino en la medida que vivimos en el amor. Se concretizaría en la medida que ellos se dieran en experiencias reales en favor de otros/as. Experiencias en las cuales, cual samaritanos, se entregaran, cuidaran y se preocuparan por otros/as. Si verdaderamente aquellos judaizantes querían cumplir la Ley, tenían que comenzar amando cual Cristo, quien amó sin distinción de personas.


Son diversas las maneras de entender lo que es el amor que nace de la fe en Jesús. Para los judaizantes, era el volver a los ritos; para nuestra sociedad, puede llegar a ser una celebración comercial. Celebración que solo promueve consumismo y soslaya el compromiso y las acciones de solidaridad con aquellos/as que nos rodean. No obstante, para la iglesia de Jesucristo, el amor es la manera por la cual podemos vivir en y bajo la voluntad de Dios. Es el mandamiento que nos ha sido dado por Jesús: “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Es el “motor” que nos impulsa como iglesia a vivir en justicia y verdad. Es el “lente” por el cual podemos ver a otros/as como parte de nosotros/as mismos/as. Es libertad ante el egoísmo e individualismo que esclaviza nuestra sociedad. Es leche y miel ante una sociedad que anhela una experiencia liberadora.


¡Que el Señor nos ayude como iglesia a nunca sustituir el amor por méritos o mandamientos sin fundamento bíblico! Por el contrario, que nuestra fe en Jesús nos haga vivir en amor, inspirando y construyendo el Reino de Cristo, aquí y ahora.