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“Yo quisiera hablarte del amor de Cristo…”

Hay momentos en que me sorprendo a mí misma cantando himnos “antiguos”, es decir, himnos que aprendí en mi niñez. Puedo estar realizando la tarea más cotidiana en mi casa como lavando unos trastes o poniendo una ropa a lavar, y me vienen a la mente esos himnos que de niña y aún de joven cantaba con mi abuela o mi mamá, mientras hacíamos la limpieza de la casa. Uno de mis favoritos era: “Yo quisiera hablarte del amor de Cristo, pues en Él hallé un amigo fuerte y fiel; por su gracia transformó mi vida entera; lo que en esta vida soy lo debo a Él. Nadie pudo amarme como Cristo, es incomparable su amistad; sólo Él pudo redimirme del pecado, por su amor y su bondad…”.


Recuerdo que, de jovencita, lo que más me impactaba del himno era esa palabra de testimonio, tan dulce, tan cercana, pero, sobre todo, tan personal. El escritor (Charles Weigle) había escogido una manera clara y sencilla para dar testimonio de su fe en Cristo Jesús. Me lo imaginaba como una persona transitando por caminos difíciles, dando tumbos, pasando dificultades, hasta el momento en que se encuentra con Cristo Jesús, quien transforma su vida, por medio del amor y del perdón. Un momento tan sublime, tan impactante, que no lo olvidará nunca. Pero no sólo eso, sino que procurará compartir el testimonio de esta experiencia transformadora, con toda persona que se encuentre a s