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Voz que anuncia el camino


Isaías 30:21

“Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él;

y no echéis a la mano derecha ni tampoco torzáis a la mano izquierda.”

Esta mañana celebramos un año más de bendiciones a través del Ministerio de la Corporación Milagros del Amor (CorMA), organización fundada por nuestra iglesia y que representa nuestro más amplio e importante brazo de servicio comunitario.

Para este aniversario de CorMA, se ha estado enfatizando el llamado a abrir, preparar y mostrar los caminos que conducen a la realización plena; a la recuperación y al servicio en favor de quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad.

El texto del profeta Isaías nos presenta una comunidad que, desde sus circunstancias duras, su momento de incertidumbre, se pregunta si Dios tiene algún futuro para su pueblo. La verdad es que si miramos a nuestro alrededor esta situación no se distancia mucho de la nuestra. Porque a pesar de que nos encontramos en celebración, estamos en medio de una sociedad destruida, desesperada, una tierra herida, un pueblo que se pregunta cómo continuará adelante. A nivel tanto individual como colectivo, se hace cada vez más duro levantarnos de las caídas, recuperar las fuerzas; distinguir las señales, encontrar el camino. Esto produce cierto grado de desesperanza y desasosiego que hace que algunas personas pierdan el norte y desvíen el rumbo de sus vidas.

Y es en medio de esta situación que hoy, como ayer, en el pueblo al que hace alusión el profeta Isaías, que Dios nos habla de nuevos tiempos, de nuevas posibilidades, de caminos de esperanza.

Esto es siempre una buena noticia. La iglesia se regocija al afirmar que, también desde el proyecto ministerial de CorMA, el Señor plantea nuevos retos, nuevas oportunidades de servicio, y a través de estos esfuerzos, no sólo prepara nuevos caminos, sino que más aún Dios en Cristo Jesús, se constituye en el camino por el cual podemos transitar para alcanzar esa vida plena y abundante que podemos experimentar, porque está disponible para todo aquel y aquella que lo necesita.

Desde el servicio diario, nuestra iglesia evidencia al Dios que en Cristo Jesús se hace nuestro amigo. Al Dios que; nos acompaña cuando todas las personas nos abandonan; nos afirma cuando todos los demás nos echan de lado; nos mira de frente cuando las demás personas nos dan la espalda; nos extiende la mano cuando otros desean empujarnos más en el abismo; cuando otros tratan de destruirnos, Él nos construye de nuevo.

Éste pues, es un momento de gratitud basado en la recordación de lo que ha hecho el Señor a nuestro favor y es un momento de renovación de compromiso basado precisamente en esa misma recordación. Afirmamos y agradecemos que, el Dios que nos tomó en sus manos, aún hoy nos sostiene con su mano poderosa. Y a través nuestro, sigue forjando caminos de esperanza y vida. ¡A Dios sea la gloria!