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Vestido, anillo y calzado


Hoy celebramos con mucha alegría otro Día de los Padres. Felicitamos a cada uno de los tantos padres, abuelos, bisabuelos y aun tatarabuelos que pudieran estar congregados en nuestro templo en esta mañana. Hoy es el día de celebrar y sentirnos satisfechos. Reciban todos bendiciones del cielo de parte de nuestro Padre celestial, quien también se regocija al contemplar y recibir a sus hijos en su casa.


El mensaje de la mañana considera el pasaje de Lucas 15:11-32 relacionado al Hijo Pródigo. Conocemos muy bien la historia. Sabemos que Jesús explicaba con esta historia el gozo y regocijo que existe en los cielos cada vez que un pecador se arrepiente. Lo comparó a la alegría de un pastor de ovejas que recupera la que se le perdió. Lo comparó a la alegría que siente una mujer que pierde una moneda, tal vez la única que tenía. Y finalmente lo comparó a la alegría de un padre que recibe de regreso a su hijo perdido en rebeldía.


¿Será posible que Dios no perdone una falta? ¿Tal vez dos? ¿Qué tal tres? Una persona le preguntó a Jesús: -“¿Cuántas veces debo perdonar a mi hermano?” A lo cual Jesús le contestó – “Hasta setenta veces siete.” Pudiéramos entonces preguntar: ¿Y cuántas veces debo perdonar a mi propio hijo? Si Dios fuera nuestro padre terrenal, ¿Cuántas veces nos perdonaría?


Supongo que Jesús miró intensamente a los que le cuestionaban por su caminar con publicanos y prostitutas. -“Fíjate” - les dijo Jesús, - “¿Te acuerdas de Zaqueo el publicano? Ya no roba, al contrario a cada uno le ha devuelto cuadruplicado y ¿Recuerdan a la mujer de Magdala? Tenía 7 espíritus inmundos y ahora es una mujer de bien y de buenos negocios. ¿Y se recuerdan del endemoniado de Gadara?, ahora es hombre de familia, hombre de provecho. ¿Como entonces no ir al camino y abrazar al hijo que se nos había perdido?” ¿Cómo entonces no hacer fiesta y alegrarnos en medio de la congregación de los redimidos?


Próximamente celebraremos 119 años de historia de esta Primera Iglesia Bautista de Caguas. Recibamos el reto de nuestro Señor Jesucristo de ir al camino a buscar la oveja y la moneda perdida y de hacer nuestra la antigua historia maravillosa de aquel Padre que con brazos abiertos pidió un nuevo vestido, un anillo y un nuevo calzado. ¿Qué tal si llenamos esos bancos que tenemos vacíos? ¿Qué tal si compartimos con aquellos que necesitan escuchar la palabra de Dios? ¿Qué tal si les decimos que Dios les ama y que espera para abrazarles y hacerles parte de la familia de Dios.


Este es el mensaje sencillo que predicamos, este es el mensaje del Evangelio, que tenemos un Padre en los cielos con un perfecto amor de perdón. Que Él llene tu corazón, hoy y siempre. Él es quien hace todas las cosas y mucho más abundantemente de lo que podemos pensar o imaginar. A Dios el Padre sea la gloria y la honra en medio de su Iglesia. Amén. Fotografía de Jude Beck en Unsplash