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  • Rvda. Yamina Apolinaris

Una convocatoria vigente

Texto: Isaías 6:1-6


Este pasaje nos presenta al profeta Isaías, rodeado de la presencia de Dios. El profeta no sólo percibe la presencia de Dios en su vida, sino más aún, tiene una visión que confirma esa presencia. Y allí en medio de ese esplendor se escucha esa voz de Dios diciendo; “¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?


Se me ocurre pensar que tal expresión debió haber sorprendido al profeta, pues he aquí Dios, Yavé, creador y sustentador de la vida, el Dios cuya presencia le causa temor y reverencia al profeta; aquí está, lanzando un quejido, una súplica, con la esperanza de que alguien le escuche y responda.


Con seguridad estamos más acostumbrados a la imagen de un Dios que ofrece respuestas que la de un Dios que hace preguntas. Es el Dios que, en su cuestionamiento, hace evidente la vigencia de ese llamado y la necesidad presente por la que ese llamado continúa haciéndose.


Un llamado que está expresado más como una preocupación, que como una invitación. Y que además, parece estar dirigido a cualquier persona que esté escuchando. Es impactante ver cómo esta preocupación, esa voz que viaja por el espacio, es suficiente, para hacer cumplir la expectativa divina de que alguien responda. Y allí se encuentra Isaías, interceptando la frecuencia del mensaje divino, apropiando para sí esa preocupación y traduciéndola en una convocatoria personal. La pregunta penetra como un rayo láser dirigiéndose directamente al centro de la mente y del corazón. No se registra duda alguna, ninguna vacilación, aunque pudiese haberla; en ese instante sólo se escucha el eco de una petición que nace en las entrañas de su voluntad; “Heme aquí, envíame a mí”.


Más que un mandato, Dios lanza una invitación. Es una súplica para quien se sienta aludido/a; más aún para quienes estén en la disposición de escuchar su voz. Y dichosos/ dichosas, quienes responden diciendo; “Heme aquí, envíame a mí”.

Responder a Cristo tiene serias consecuencias; proclamar un mensaje que sea pertinente y laborar de modo que el reino de Dios se haga realidad en medio nuestro, no es tarea fácil. Esa lucha nos coloca siempre en la frontera entre la obediencia y la desobediencia. Pero el llamado es a seguir el camino de la convicción no de la conveniencia.


Dios es el que extiende una invitación, espera que respondamos, nos lanza a una tarea con tremendas implicaciones y consecuencias, pero en medio de todo esto nos da esperanza. Una esperanza que no descansa en la seguridad de que la tarea será fácil; sino en la seguridad de que el que nos ha llamado es fiel y no nos dejará. La esperanza no descansa en la confianza de depender de nuestras propias fuerzas, sino en la seguridad de que el Señor nos sostendrá y su Espíritu nos fortalecerá.

Culminamos este mes de aniversario celebrando la fidelidad de quienes responden porque hay trabajo en la viña del Señor.


Pero el Señor sigue llamando pues aún hay necesidad. Nos llama, porque somos esas vasijas en sus manos, que él sigue moldeando para cumplir su propósito. El camino no es fácil, pero el Señor no nos ha abandonado, ni nos abandonará. Hay necesidad de maestros/as de Escuela Bíblica; de líderes de grupos; de personas que participen de los diversos ministerios. Hay necesidad de personas que puedan predicar, con palabra y con acción, de modo que la gente llegue al conocimiento y a la fe en Cristo Jesús.


A ti hermano y hermana, el Señor te está llamando porque la convocatoria sigue vigente. Escucha su voz… ¿A quién enviaré y quién irá por nosotros? Es hora de decir, sin dudas ni temor; “Heme aquí envíame a mí”