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UN ESPACIO DE ACOGIDA

Lucas 10: 10-12; 38-42


En esta porción bíblica, se nos muestra tanto a Jesús como a sus discípulos en el camino de la misión. Jesús, se encuentra en el camino de su destino, de su entrega, el camino de la cruz, pues ya desde el capítulo 9 se nos dice que Jesús afirmó su rostro para ir a Jerusalén.

Los discípulos, a su vez, se encuentran en el camino de la misión, en las aldeas y los poblados donde Jesús les ha enviado, que es también camino de preparación para su tarea, para el ministerio.

Jesús les había dicho que en esta trayectoria misionera dependerían de la acogida, del recibimiento de los demás. Las instrucciones son, a permanecer donde les recibiesen, anunciándoles que el Reino de los Cielos se ha acercado. Por otro lado, donde no les reciban, que de igual manera anuncien, el Reino que trae juicio a quienes rechazan el mensaje de amor que viene de parte de Dios.

El asunto es que Jesús sale al encuentro, en los senderos de la vida, de las maneras más insospechadas, Jesús se convierte y por Él nos convierte en la persona del camino, en el lacerado, la atropellada, en la persona despreciada por las circunstancias, porque es Jesús el que se encuentra en el camino, en el camino que es esfuerzo, que es lucha, que es frustración, que es trabajo y que es desvelo; ese camino donde a veces no se tiene ni donde recostar la cabeza, ese camino donde a veces apenas hay descanso. Ese es el camino donde se ubica Jesús. Y es el camino donde nos dice que nos encontramos nosotros/as también.

Por esta razón la perícopa que continúa, que presenta la acogida de Marta y María a Jesús, nos recuerdan que, recibir a Cristo, es en verdad ser recibidas y recibidos por Él. Pues después de todo, es Jesús quien nos hace espacio para que podamos encontrar solaz y fortaleza. Por esta razón, como Iglesia, acoger a Cristo es hacer de Su Casa, ese lugar en el camino donde encontraremos reposo. El lugar en el camino donde nos acompañamos en esperanza. Este es el lugar donde podemos sentarnos a los pies de Jesús, para escuchar su palabra que sana y que transforma; pero también el lugar donde podemos sentarnos los unos al lado de las otras, para acompañarnos, vendar nuestras heridas y consolarnos.

La acogida trae paz, trae gozo, trae esperanza. El mismo texto bíblico nos recuerda que a veces, sin saberlo, en nuestra apertura a recibir y servir a una persona extraña, hemos acogido ángeles.

Quiera el Señor toda persona que llega hasta esta casa del Señor se sienta acogida y recibida. Quiera el Señor, que toda persona que llega hasta su casa reciba bendición, no sólo porque el Señor está, sino además porque su pueblo congregado es instrumento de bendición.

Quiera el Señor que siempre seamos esa Iglesia, de donde nadie salga quitándose hasta el polvo de los pies, sino dando Gracias por haber vislumbrado el Reino de Dios.