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Traigamos todo nuestro ser a Dios


Texto: Romanos 12: 1-3


Este hermoso pasaje bíblico, es un llamado a la iglesia a vivir esa nueva vida que el apóstol Pablo nos dice que, Dios consiguió mediante el Cristo prometido antes por los profetas.  La iglesia viviendo esa reconciliación con Dios y con los demás por la muerte de su hijo. La iglesia viviendo la redención con el mismo poder de Dios que no avergüenza. La iglesia viviendo la victoria que opera entre quienes son conocidos/as por Dios y le aman.  La iglesia viviendo esa salvación que Dios solamente inició y concluyó en la historia de los pueblos.


Lo primero que invita es, a traer el cuerpo. Es interesante cómo Pablo recupera esta tradición antigua tan presente en el A.T.  El cuerpo es el recinto de la vida.  Es la expresión visible del aliento de vida, del espíritu. El cuerpo, las manos, los pies, los ojos. El cuerpo es el instrumento de trabajo, de la energía.  El cuerpo es lo que somos en la vida concreta.  


Uno de mis salmos predilectos, 139, habla precisamente de esa imagen del cuerpo cansado y agotado que Dios conoce; ese cuerpo que Dios formó y que vio desde el vientre de la madre; ese cuerpo que Dios sabe cómo se levanta y cómo se postra. Con todo y el cansancio o agotamiento, con todas y nuestras dolencias, es esta vida con este cuerpo el que presentamos delante del Señor. El cuerpo también equivale aquí a la actitud y la orientación al aquí y al ahora.  Por mucho tiempo hemos vivido desestimando el presente. Queremos que sea Dios quien obre en las tragedias que vive la gente, pero Dios nos las encomienda, porque son oportunidades para el compromiso, el amor, la solidaridad, la fe y la esperanza necesarias,en cada circunstancia de la vida.


Hay que traer la mente. Pablo no sólo recupera una tradición veterotestamentaria del cuerpo, sino la tradición griega del pensamiento, del cerebro.  Nuestro ejercicio racional. Es algo que se hace todos los días. Es ejercitar la mente y el entendimiento para poder discernir las circunstancias de la vida.  Es esa disposición mental y espiritual de análisis y discernimiento a la luz del conocimiento que nutre, alimenta y fortalece nuestra fe.


El apóstol Pablo también nos invita a traer una visión comunitaria; es decir, ¿cómo queremos que sea la iglesia? Lo que sentimos o lo que creemos es lo que nos da identidad de grupo. Pero en el texto no es esto lo que nos da vida como cuerpo. Es nuestra relación con Dios.

Porque Dios nos hizo comunidad.  Dios obró en nuestras vidas, primero comunión con él a través de Jesucristo y luego comunión mutua, al hacernos hijos e hijas de Dios y por lo tanto hermanos y hermanas los y las otras.  Es desde esa comunión con Dios que puede obrar en nuestras vidas el milagro de un espíritu de reconciliación, perdón restaurador y una unidad verdadera.  

Recordemos el texto de Efesios; “hasta que todos lleguemos”.  No estamos en una carrera desenfrenada donde cada cual busca llegar como pueda; somos un cuerpo en Cristo, que procuramos no desmembrarnos en el camino, sino continuar adelante en unidad de dirección y de propósito.


Dios necesita nuestro cuerpo (no hagáiscomo los que tienen por costumbre no congregarse); Dios necesita de nuestra mente (mentes bien pensantes, que procuren discernir desde el amor y la gracia de Dios); y una clara visión de modo que seamos una iglesia unida, presente y pertinente, que está en medio del mundo cumpliendo los propósitos del Dios que le llamó.  Así nos ayude Dios a estar, en este nuevo año que comienza.