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Preparemos el Camino


Texto: Lucas 9:51-62

El tiempo de Cuaresma es un momento que, al igual que el Adviento, nos prepara para el encuentro con el Cristo, el Salvador del Mundo. Durante estos próximos domingos estaremos trabajando el tema; “Preparemos el Camino” desde lo que significa la convocatoria de testificar en palabras y acciones nuestra fe, de modo que otros y otras puedan encontrarse con el amor de Dios en Cristo.


El evangelista Lucas nos narra una experiencia singular de Jesús con sus discípulos, en un momento de preparación para ese camino a Jerusalén, ciudad de su destino. Es importante no pasar por alto que esta porción, aun cuando marca, por así decirlo, esa fase final del ministerio de Jesús, es parte de una sección donde se evidencia la dificultad aún de los discípulos de comprender el significado de su misión. A pesar de que Jesús está listo para ir a Jerusalén, sus discípulos no parecen estarlo. Mientras Jesús cobra fuerzas y se impulsa para subir a Jerusalén, los discípulos parecen estar estancados en sus propias confusiones.


El texto nos dice que, cumplido el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén. Es evidente que Jesús había esperado por el momento preciso, ese que daría inicio a la última etapa de un recorrido que había tomado tres años. Y habiendo llegado el momento, afirmó su rostro. Esta expresión lo que significa es que Jesús se dirige a Jerusalén decidido; no hay ambivalencia, sabe que este es el camino que tiene que tomar. Pronto se hará evidente que este es un paso de confrontación, porque con él Jesús desafía la ideología política y religiosa de su tiempo.


Los discípulos son enviados a una aldea para hacer los preparativos para la llegada de Jesús, y el texto dice que no le recibieron porque su aspecto era como de ir a Jerusalén. Esta expresión aparenta servir de justificación para la molestia de los discípulos, ante la negativa de los aldeanos samaritanos a extender su hospitalidad, como tampoco recibir a Jesús.


Hay quienes ponen la responsabilidad en los habitantes de la aldea de samaritanos como los que actuaron incorrectamente. Sin embargo, Jesús reprende a sus discípulos con fuertes palabras que apuntan hacia los discípulos como los responsables, por no haber comprendido, aún, lo que significa el ministerio de Jesús. No podemos evitar concluir entonces que, de alguna manera aquellos discípulos que fueron enviados a preparar el camino, es decir, a adelantarse para preparar la llegada de Jesús, no fueron capaces de transmitir el mensaje correcto. Esto trae como consecuencia que, quienes se suponían que recibieran a Jesús, esto es, la gente de Samaria, lo rechazaran.


Después de todo, los discípulos, eran los llamados a preparar el camino. La preparación comprendía en compartir, por un lado, la razón por la cual Jesús se dirigía a Jerusalén, pero, además, manifestar la postura preferencial de Jesús a favor de los samaritanos, como de todo aquel y aquella que necesita salir de la marginalidad, al centro mismo del favor y de la buena voluntad de Jesús.


Sin duda, si los discípulos hubiesen explicado y mostrado el propósito de Jesús en ir a Jerusalén, de cierto aquella gente le hubiese recibido gustosamente. Pero los discípulos piensan que lo que necesitan estos samaritanos pecadores es fuego y azufre.


¿Por qué será que, con demasiada frecuencia, se hace más fácil destruir que construir, herir que enmendar, castigar que perdonar, odiar que amar, condenar que salvar?


Por eso Jesús reprende a sus discípulos, al decirles que no se dan cuenta que siguen un espíritu que en nada tiene que ver con el Espíritu de Dios. En Jerusalén y en su destino en la cruz, Jesús está en solidaridad con quienes se encuentran al margen, y en las fronteras de la vida, para traerles al centro del amor de Dios.


Que este tiempo de Cuaresma, sirva para renovar nuestro compromiso, de preparar el camino, para que toda persona necesitada de amor, de perdón, y de gracia, pueda encontrarse con Jesús, el Cristo.