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  • Rvda. Yamina Apolinaris

¡Piedras de Refugio!


Durante el tiempo que viví en España, como misionera de las Iglesias Bautistas Americanas, tuve la oportunidad de compartir con iglesias en casi todas las comunidades autónomas. Una de esas visitas fue a la región de Andalucía. Es una comunidad hermosa y de gente cálida, muy parecida a la gente caribeña. Me llevaron a varios pueblos y pude ver las “casas cuevas”; comunidades enteras construidas en las áreas rocosas de las montañas. Las más antiguas datan del 1452, cuando la gente, huyendo de las guerras y la toma de las ciudades, huían a las montañas y buscaban refugio en las rocas. Así hay familias que llevan siglos habitando en estas casas.


Hoy día, algunas de estas comunidades de “casas cuevas” se han convertido en lugares turísticos. Es interesante porque se promocionan no sólo por lo novedoso y particular de hospedarse en una cueva rocosa, sino, porque además de tener todas las comodidades de un hotel, se presentan como un refugio de paz y tranquilidad.


Los escritores bíblicos, también hacen referencia a los entornos montañosos y rocosos, como lugares que ofrecen protección y refugio, pero no se quedan ahí, sino que además, utilizan las imágenes de los elementos mismos de la naturaleza, para hacer referencia a características divinas. Es por esto que, no nos sorprende que se hable de Dios, como un águila, bajo cuyas alas encontramos seguridad. De igual manera, siendo una tierra donde, además de desiertos, también hay regiones de piedras, peñascos y cuevas rocosas, no es de extrañar que se hable de Dios como la roca, representando con esto Su cuidado, protección y amparo.


Los Salmos particularmente, utilizan la imagen de la roca para invitarnos a mirar a Dios de manera nueva. A reconocer que Dios es como esa piedra firme que no desaparece de debajo de nuestro pie al venir las dificultades; por eso dice que: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, y nuestro pronto auxilio en las tribulaciones, por tanto, no temeremos aunque la tierra sea removida”. También nos hace partícipes de su ruego, al pedir; “se tú mi roca de refugio adonde pueda yo siempre acudir, da la orden de salvarme porque tú eres mi roca, mi fortaleza.”


Sin duda estos son momentos de muchas dificultades y de grandes tensiones en nuestro país. No olvidemos que Dios es nuestra roca de refugio. En Dios encontramos protección cuando las lluvias son fuertes y las tormentas de la vida nos atemorizan. En Dios podemos sostenernos, sin temor a que nos arrastren las fuertes aguas del desasosiego y el desaliento.


Afirmar que Dios es nuestra roca, es saber que podemos mantenernos firmes en la fe y la confianza de la presencia de Dios en nuestras vidas. Confiar en ese refugio es saber que no tenemos que detenernos en el camino ni escondernos; todo lo contrario, es seguir adelante con seguridad, pues ese refugio nos cobija donde quiera que estamos. Su gracia nos cubre, su amor nos anima, su presencia nos da las fuerzas para seguir adelante sin temor.