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Padres, al modelo de Dios

“Compasivo y clemente es el Señor… Como el padre se compadece de los hijos, así se compadece el Señor de los que le temen.” - Salmo 103: 13


Hoy celebramos el día de los padres. Como les he dicho anteriormente, cuando hablamos de Dios, lo hacemos sólo desde un lenguaje simbólico, que denota nuestra relación con Dios. Porque de Dios conocemos lo que nos revela de sí, y esa revelación se da en términos de relación, de comportamiento, de necesidades, de compromisos.


De modo que, también cuando hablamos de la paternidad, lo hacemos como reflejo del amor de Dios. De esta manera, hablamos de un amor de padre, no sólo de quien pone las normas y las reglas con autoridad, sino, sobre todo, desde el modelo bíblico, de quien nos ofrece un amor incondicional, un amor sano, un amor que hace posible que aún lo duro del camino se suavice y que el terreno seco, pueda dar fruto.


Por muchos años se habla de la crisis en la familia, por razón de la crisis en la paternidad. El dolor y los conflictos que representan padres ausentes de las vidas de sus hijos e hijas, pues hay quienes, al separarse de la esposa, se separan también de sus hijos, de sus hijas. Por otro lado, el aumento en la violencia intrafamiliar, que lacera la vida de niños y niñas que llevarán, y lamentablemente, algunos también reproducirán ese lastre, esa terrible herencia de la violencia.


Recordaba una vez más, esa imagen de Dios representada en la historia del hijo pródigo. Un padre respetuoso, en este caso, que reconoce las diferencias entre un hijo y otro, sin tener que llegar a comparaciones injustas, ni provocar frustraciones en hijos que se sienten que no son lo que sus padres quisieran. Un padre maduro, que no se siente atacado personalmente por la decisión de su hijo de seguir su camino, sino que comprende que es parte de un proceso de crecimiento, que, aunque doloroso, inevitable como parte de la decisión de su hijo. Y finalmente, el modelo de Dios en esta hermosa historia nos destaca a un padre que, habiendo respetado que este su hijo es diferente a su hermano; habiendo aceptado que su hijo tenía el derecho a tomar decisiones con respecto a su vida, aún de cometer errores; luego, habiéndose dado todo lo que él sabía que podía pasar, aún así, no le recrimina, sino que lo recibe con amor, para, en el seno del hogar y desde su compañía misericordiosa, darle la oportunidad de salir adelante.


Ese es el modelo de paternidad que necesita nuestra sociedad; respeto, aceptación, perdón. Hoy celebramos ese Amor, imitado por nuestros padres, abuelos y tíos. Celebramos el amor tierno, compasivo, paciente, perdonador, misericordioso de Dios y pedimos que sea modelo de amor para nuestros hijos e hijas.