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“La oración, lazo que nos une a Dios”


Texto: Oseas 11:4 (DHH)

“Con lazos de ternura, con cuerdas de amor, los atraje hacia mí; los acerqué a mis mejillas como si fueran niños de pecho; me incliné a ellos para darles de comer.”


En esta mañana hemos compartido una experiencia de oración como comunidad de fe. Recordaba estos días las experiencias de oración en mi familia. Era una práctica que mi abuela guardaba con mucho celo, el separar un tiempo para el altar familiar. A diferencia de su experiencia antes de convertirse, cuando mi abuela reunía a su familia a rezar el rosario, años después mi abuela reunía a su familia para celebrar una experiencia de oración en la que las peticiones respondían a las necesidades de familiares y vecinos; y donde las acciones de gracias nunca faltaban pues representaban el reconocimiento del obrar de Dios en nuestras vidas.


Muchas de esas prácticas de momentos de oración familiar, lamentablemente han quedado en el olvido. Acudimos a ellas en situaciones de enfermedad o de crisis, para luego dejarlas de lado.


Las Escrituras nos muestran que la vida de oración de Jesús era constante. No se limitaba a unos momentos solamente, sino que en todo lo que era y hacía, se daba en conexión y comunicación con Dios, su Padre. Por eso vemos a Jesús orando por la unidad e intimidad de sus discípulos con él y con Dios. Ya no hay lugar para una relación distante, pasajera, esporádica, superficial. Es en y por el nombre de Jesús que sus discípulos son guardados en unidad con Dios, para la gloria de Cristo.


Esto es sumamente importante porque Jesús habla de ese vínculo que ha de darse de ahora en adelante, pues aquellos que apenas conocían de Dios, ahora a través de su hijo, han venido a conocerle de manera íntima e individual. Esa es precisamente la razón por la que tú y yo podemos acercarnos a Dios en oración de la manera como lo hacemos, porque la oración de Jesús despejó el camino de todo aquello que nos separaba de Dios y nos acercó como sus hijos y sus hijas por la sangre de Cristo el Señor.


La oración es pues el lazo que nos une, nos conecta, nos ata al propósito mismo de Dios. Es un lazo de misericordia, pues es la manera cercana y amorosa del Dios justo y misericordioso, que nunca cierra sus oídos a nuestro clamor. Por eso podemos acercarnos a Dios con seguridad, con confianza y en plana paz, sabiendo que Dios nos escucha y nos atiende, y sobre todo, que por su gracia, cumplirá su propósito en nuestras vidas.


En este nuevo año, como familia, vivan unidos/as, al Señor, por el lazo de la oración .