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La fe nos permite ver a Dios


Habacuc 2:1-4; 3:17-19


En esta mañana tenemos una hermosa celebración cultica, de adoración al Señor. Continuamos con el tema de la fe y de la esperanza. Un tema que contrasta con los momentos que seguimos viviendo como pueblo, pues seguimos viviendo un año de gran violencia.


El profeta Habacuc se plantea varias preguntas sobre lo que está sucediendo en su pueblo y Dios responde presentando un asunto más importante; el asunto de cómo hemos de vivir en un mundo que no podemos controlar y que parece no tener sentido.


Nos encontramos con un profeta que se acerca de manera directa y como atrevida ante Dios presentándole sus dudas sobre lo que está pasando a su alrededor. Es necesario entender que esta postura no surge de la incredulidad, sino todo lo contrario. El profeta evidentemente es una persona de una fe profunda, pero que a su vez no parece estar dispuesto a conformarse con conceptos teológicos o explicaciones teológicas, por correctas que estuviesen, si no podía conectarlas a su realidad de vida. El profeta no estaba dispuesto a permanecer callado cuando sus preguntas continuaban o las respuestas que recibía no tenían sentido a la luz de la realidad que vivía.


Este texto pone en evidencia ese falso concepto de que la persona verdaderamente religiosa no se cuestiona nada y que el cuestionar es ofensivo a Dios. Como si cometiésemos una afrenta contra Dios o como si Dios se ofendiera o no pudiese comprender nuestras dudas. De hecho, Habacuc, en la misma línea de Job, nos demuestra que la gente justa, al igual que la gente de fe, plantea las preguntas más difíciles.


En muchas ocasiones he dicho que las preguntas son tan importantes, y a veces más que las respuestas. Cuando nos damos el permiso de preguntar, sacamos nuestras dudas, nuestros temores, nuestras incertidumbres, nuestras confusiones y las ponemos de frente ante el único que puede con su presencia traernos paz y seguridad. El problema no es hacer preguntas, sino, no esperar respuestas; y Dios siempre nos responde. Es precisamente en el contexto de nuestras preguntas que encontramos un nuevo sentido, una nueva visión de parte de Dios. Las preguntas provocan nuestra búsqueda y en esa búsqueda crecemos y maduramos.


Esta afirmación no es la negación de nuestras circunstancias, sino la afirmación de nuestra esperanza. Significa escoger vivir en fidelidad a Dios, “aunque la higuera no florezca… con todo me regocijaré en el Dios de mi salvación”.


Tampoco significa detenernos ni cruzarnos de brazos, eso lo hacen quienes no tienen fe, sino seguir adelante obrando porque sabemos que queremos estar dentro del obrar de Dios. Es también reconocer que no las tenemos todas y que no controlamos todas las cosas, pues no es necesario estar en control de todo sino ponernos en el control de Dios.


Habacuc sabe que esperar en Dios es en ocasiones la única respuesta de nuestra fe. Pero cuidado no desde el fatalismo de quienes no pueden creer más allá de lo que tienen de frente. Tampoco es un estado de resignación pasiva. Es una espera dinámica que reconoce que Dios es Dios y que por ello estamos en la disposición de vivir en esos términos. Es comprender que nuestra perspectiva es limitada y que solo comprendemos parcialmente y como por espejo oscuramente, pero Dios es Dios y su amor y fidelidad han sido demostradas a través de las edades.


Finalmente, Habacuc no recibe respuestas directas a sus preguntas. El aún no sabe cuánto tiempo ha de esperar, tampoco por qué sucede lo que sucede, no ha logrado recibir respuesta a su pregunta sobre la injusticia, ni tampoco qué específicamente ha de suceder. Pero él vio algo más importante que le permitió afrontar ese futuro incierto sin obtener todas las respuestas.

¡El vio a Dios! El Dios que le llamó a la fidelidad y a vivir la vida con esperanza y a obrar en esa esperanza y esa fue la mejor respuesta.


Es esa fe en el Dios que siempre cumple sus promesas, la que alimenta y nutre una esperanza que va más allá de nosotros/as y de nuestras circunstancias, dando sentido a nuestra vida y fuerza para seguir caminando. ¡Fe, porque hemos visto a Dios!