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Hagamos Lugar al Emmanuel

Texto: Isaías 60:1-2



​Estamos en la celebración del Adviento, es decir, el anuncio del nacimiento, de la llegada del Salvador. ¡Jesucristo, como el mayor gesto de amor de parte de Dios para toda la humanidad! Este año el tema de Adviento es, “Hagamos lugar para el Emmanuel”.


Anticipamos esa presencia encarnada de Dios en Cristo Jesús. Del Dios que en Cristo dio el primer paso, se acercó a nuestra existencia e hizo lugar para recibirnos, para acompañarnos, para alentarnos, para bendecirnos, para transformar nuestras tinieblas en luz.


​El texto de Isaías nos presenta el tiempo cuando los exiliados están regresando a Jerusalén.  Han tomado posesión de sus tierras, pero apenas pueden subsistir. De modo que, en este momento de tanta oscuridad, de tanto desasosiego, de tanta incertidumbre, se les dificulta creer, a la luz de la realidad presente, que hay posibilidad de transformación en sus vidas; menos aún verse como luz de las naciones, lo que es la misión del pueblo de Israel.  


​El capítulo 60 utiliza un lenguaje poético para dirigirse al pueblo. De hecho, se notan varios elementos muy interesantes en este mensaje profético. Una vez más el profeta Isaías le recuerda al pueblo que Dios está presente. Pero esta vez lo hace de manera directa. Es importante destacar que es común en el lenguaje profético y los mensajes proféticos referirse a la presencia de Dios a través de sus enviados. Es por eso que el profeta utiliza un lenguaje que en ocasiones es en tercera persona.  Isaías nos viene anticipando desde el capítulo 40 la venida de Dios. El Dios que se anuncia como el que vendrá a restaurar y liberar a su pueblo. Ya no a través de un enviado, sino Dios mismo, presente en medio de su pueblo.


​La luz pues es símbolo de la presencia de Dios. Dios mismo es la luz en este nuevo día. No hay otro. Por eso es un nuevo día, sólo en la medida que Dios, la luz verdadera, está presente. Es interesante que el evangelista Juan utilice esta misma imagen para referirse a Jesús. Esa luz de parte de Dios, que es Dios mismo, es Cristo el Señor.


​Por esta razón la aparición del coro angelical que se le presenta a los pastores que se encontraban cuidando sus rebaños en el momento de mayor oscuridad, transforman esa oscuridad en luz resplandeciente. Eso es precisamente lo que causa gran sorpresa y temor a los pastores, que la presencia de Dios irrumpa en luz en sus vidas; cuando menos lo esperaban, en las circunstancias más adversas de esfuerzos, de desvelos, de trabajos, de soledades en sus vidas. Les sorprende que Dios haya querido hacer un espacio y lugar para encontrarles y para bendecirles. La buena noticia viene acompañada de luz, de iluminación para las vidas de quienes se encuentran en situaciones de oscuridad. Esa es sin duda, una buena noticia.

Porque ha venido tu luz, da luz


​Esta exhortación del texto contiene no sólo un reconocimiento de la presencia de la luz verdadera, sino que por causa de esa luz nos invita a alumbrar.


​Es claro en el texto que el pueblo de Israel no tenía luz propia, sino que manifestaba el resplandor de la luz verdadera que es Yavé Dios. De igual manera en los evangelios se nos señala que como seguidores/as de Cristo no tenemos luz propia, sino que reflejamos la luz de Cristo.

​Por tal razón, así como Dios en Cristo Jesús hizo espacio y lugar para el amor y la redención de nuestras vidas, de igual manera, somos convocados y convocadas a hacer lugar para que otras personas sean bendecidas por medio nuestro.