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El Pentecostés hoy: Un pueblo lleno del Espíritu ante un mundo en conflicto

Hechos 2



Durante la mañana de hoy hemos hablado del Espíritu que transforma la vida interior, impulsa la misión y restaura la unidad en la diversidad. Asimismo, subrayaremos una gran verdad: el Pentecostés nos capacita para ser un pueblo lleno del Espíritu en medio de un mundo en conflicto. Esto es importante porque al celebrar el Pentecostés debemos recordar lo que este evento representa para la iglesia, pues, más que una celebración litúrgica, es la afirmación de que Dios continúa obrando en un mundo quebrantado, cargado de violencias e injusticias.

 

El contexto de Hechos 2 es un tiempo de grandes tensiones políticas, desigualdades económicas, tensiones ideológicas y expectativas mesiánicas frustradas. Evidentemente, nuestra realidad de país es muy parecida a la que vivía la iglesia del siglo I. Vemos cómo en nuestro entorno la violencia y la corrupción se normaliza, la polarización divide y cómo muchos viven acostumbrados a esta realidad. Mas hay una buena noticia: el Espíritu de Dios no evade el conflicto; lo atraviesa, lo ilumina y lo transforma.

 

Sostenidos en esta verdad, celebramos el Pentecostés, pues un pueblo lleno del Espíritu Santo no es un pueblo que evade su responsabilidad, sino que la discierne y la asume. El Espíritu ha facultado la iglesia con la capacidad de mirar los tiempos, escuchar al oprimido, denunciar lo que destruye la vida y anunciar sanidad. Esta celebración debe recordarnos que la iglesia no existe para sí misma, sino para ser un signo visible del Reino de Dios. Recordemos que la llenura del Espíritu no se mide por emociones intensas —tomemos como ejemplo la iglesia de Corintio—, sino por la capacidad de encarnar el amor de Dios, vivir en justicia y sostener la esperanza. Eso es vivir hoy el Pentecostés.

 

En un mundo en conflicto, el Espíritu Santo nos llama a conectar con quienes nos rodean, a sanar donde otros han herido y a testificar, aunque otros callen. Nos invita a vivir una espiritualidad pública que no se encierre en el templo, sino que se despliegue en cada lugar donde nos encontremos. El Pentecostés es la seguridad de que Dios sigue facultando a su pueblo de poder para enfrentar la oscuridad, confrontar la maldad, denunciar el pecado y anunciar vida en un mundo fracturado.

 

¡Como iglesia, vivamos el Pentecostés y seamos instrumento de lo que Dios continúa haciendo!

 
 
 

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