Buscar

¡De la mano de Dios, siempre!

No tengas miedo, pues yo estoy contigo; no temas, pues yo soy su Dios. Yo te doy fuerzas, yo te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa.”

Isaías 41:10 (Dios Habla Hoy)


El tema que aparece aquí servirá de referencia para nuestras reflexiones por los siguientes domingos. Las manos son muy importantes pues nos permiten sostener y sostenernos; palpar y sentir, tanto aquello que es agradable y beneficioso, como lo que puede quemarnos y destruirnos. Con nuestras manos podemos hacer mucho bien y sin duda, debemos cuidarnos de con ellas no infligir el dolor a las demás personas.

¡Cuánto sufrimos cuando, por diversas razones, no podemos sostener en nuestras manos y acariciar o consolar a nuestros seres queridos! Al pensar en esto no podía evitar traer a la memoria acciones tan sencillas, que, por causa de esta pandemia, no hemos podido realizar, como: cepillar el cabello de una madre anciana, levantar al vuelo a nietos y nietas, quitar las lágrimas del rostro de alguien que se siente desfallecer.

En las escrituras, las manos tienen un significado muy profundo, pues simbolizan, no sólo la intervención divina en las circunstancias de nuestra vida, sino además el cuidado, la fortaleza, la guía, el sostén y la protección de Dios, entre muchas otras cosas. Una y otra vez los profetas le recuerdan al pueblo que, ante todas las situaciones (e independientemente de las ocasiones en las que nos apartamos y le damos la espalda a Dios) su diestra, es decir, su mano fuerte y misericordiosa, no se esconde, sino todo lo contrario, que siempre se extiende para alcanzarnos con su perdón, su misericordia y su amor infinitos.

Los salmistas elevan cánticos de alabanza a Dios, porque “abre su mano y sacia con sus favores a todo ser viviente”. Es el Dios que toca el vientre donde somos formados y nos sostiene a lo largo de nuestros días, porque “aunque se olvide la mujer del fruto de su vientre, Dios nunca nos olvidará”.

En esta hora difícil y de mucha incertidumbre para muchos, somos llamados y llamadas a confiar en Dios, pues, por su fidelidad, sabemos que su mano nos seguirá sosteniendo. ¡A Dios la honra y la gratitud!

59 vistas