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Caminemos con nuestra mirada en la Cruz

Lucas 24: 13-35


Este pasaje bíblico nos trae a la memoria el tema del camino. Es uno de los pasajes más significativos de la narrativa de la resurrección de Cristo. Nos presenta dos de los discípulos en su jornada a Emaús. Caminan lejos de Jerusalén. Caminan de espaldas a la cruz. A sus espaldas quedan tres años de sus vidas; experiencias compartidas; sueños que por un momento se convertían en pesadillas; esperanzas que se esfuman. El narrador toma tiempo para describir la manera como se sienten los discípulos. Tres pasajes llaman la atención:


  • Cristo está a su lado, pero ellos no reconocen su presencia.

  • Eran presa de la desesperación pues se sentían defraudados por aquel en quien habían confiado.

  • No creían que el Señor había resucitado.


Los discípulos habían compartido tres años con Jesús. Para algunos se había convertido en su amuleto contra las dificultades. Pero ahora se sentían completamente solos. Se sentían que lo que les había dado sentido de pertenencia, de seguridad, de confianza, se había ido y ahora se enfrentaban al camino en soledad y desolación.


Los discípulos se habían hecho una idea de cómo era un salvador. Más aún, tenían la certeza de que Jesús era el Mesías y ellos tenían una idea clara de cómo se suponía que fuese ese Mesías, el redentor de Israel. El problema fue que desde el comienzo Jesús se había comportado de una manera diferente a lo que se suponía.


Hay gente que se siente desesperada porque se hizo de la idea de un Dios que les iba a proteger de todo peligro y de todo mal. Y cuando enfrentaron dolor, enfermedad, sufrimiento y la muerte de los suyos, no podían entenderlo ni aceptarlo, porque era como si Dios no hubiera cumplido su parte.

El pasaje nos dice que Jesús estaba con ellos, pero ellos no podían reconocerle. Los discípulos son de esa generación que necesitan ver para creer. Por eso es que no pueden ver nada, y como nada ven, nada pueden creer. Esta es la razón por la cual no pueden creer el testimonio de las mujeres; porque ellos sólo ven una tumba vacía. Para los discípulos el futuro depende del presente; ante un presente sombrío, un futuro incierto.


Vivimos en una sociedad, en un tiempo, donde, todo ha cambiado; ya nada será como era antes. Eso hace que algunas personas sólo vean un futuro sombrío, porque el presente es muy fuerte, muy difícil.


Leí de una iglesia en Estados Unidos que no quiso cerrar las puertas cuando les dijeron que tenían que someterse al distanciamiento social. Multaron al pastor, enfermaron feligreses; tuvieron dificultades, porque sólo vieron en esta situación algo que venía a destruirles.


En nuestra iglesia, de forma responsable cerramos el templo, pero la iglesia ha seguido abierta de par en par. Por eso recibimos testimonios de personas que no estaban viniendo a la iglesia y ahora lo hacen. Descubrimos la vida que surge de la misma muerte, porque la muerte no puede contenerla.


Quienes caminan de espaldas a la cruz caminan angustiados por su soledad. La cruz de Cristo como signo y señal de Dios nos invita a caminar mirando la cruz, para que podamos descubrir al Dios que está a nuestro lado.


Quienes caminan de espaldas a la cruz de Cristo caminan defraudados por todo y por todos. El resucitado nos invita a caminar con nuestra mirada puesta en la cruz de Cristo, para que nos demos cuenta que el Señor no defrauda a nadie. Sus caminos no son como nuestros caminos, pero su gracia siempre sobreabunda en nuestras vidas.


Quienes caminan de espaldas a la cruz caminan sin fe y sin esperanza. Cristo nos invita a mirar la cruz, desde la mesa de comunión, porque en ella vemos un cuerpo roto para construir a muchos. Una sangre derramada para dar perdón a mucha gente necesitada de vida.


Caminemos en gozo, en esperanza y en novedad de vida, porque Jesucristo es nuestro Señor.