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Actuemos como Cristo

Gálatas 6.1-10


Todos, en algún momento dado de nuestras vidas, hemos recibido consejo. Un consejo es una opinión que se expresa para orientar una actuación. Recuerdo que cuando mi esposa y yo nos fuimos a casar recibimos muchos consejos. Algunos de ellos de índole relacional, financiero, del balance que debíamos hacer entre el trabajo, la iglesia y el compromiso matrimonial. Todos y cada uno de esos consejos fueron valiosos; sin embargo, recuerdo un consejo muy especial de un matrimonio de muchos años. Ellos nos dijeron “nunca se vayan a la cama enojados, siempre trabajen sus diferencias y tengan acciones de bien entre ustedes, y su matrimonio dará resultado”. Diecisiete años después puedo afirmar que aquel consejo fue y ha sido de gran bendición para nuestra relación matrimonial.


La iglesia de Galacia también recibió un consejo, un consejo pastoral. En este pasaje, el apóstol Pablo da por finalizadas aquellas discusiones en torno a la ley y los ritos, para hablarles sobre algunos aspectos prácticos de la vida cristiana. Hasta el capítulo 5 el tono de la carta había sido uno fuerte, en el cual podemos sentir la tensión o el coraje con que el autor escribió. A unos había llamado “anatemas” y a otros “insensatos”; sin embargo, en el capítulo 6, el tono de la carta cambia y se dirige a sus “hermanos”. Pareciera que el autor reconoce que aquel acercamiento áspero y rudo no produciría transformación en el interior de la iglesia.


Ahora, con un tono más sosegado y lleno de hermandad cristiana, el autor exhorta a los creyentes de Galacia a ser instrumentos de restauración, a ayudarse mutuamente y a evaluar su conducta. Además, añade ciertas prácticas que les deberían acompañar, tales como: acordarse de quienes les enseñaron el mensaje del evangelio, ver el fruto del Espíritu como una semilla que puede ser sembrada y no cansarse de ser instrumento de bendición a la vida de otros/as. En fin: actuar como Cristo.


Aquel consejo del cual les escribí antes nos ha acompañado a mi esposa y a mi durante nuestra jornada matrimonial. Y nos ha ayudado porque nos ha hecho pensar y procurar más el bienestar, crecimiento y felicidad del otro que el individual. Así mismo es el consejo de Dios: te hace pensar en el/la otro/a y en las formas a través de las cuales puedes ser de bendición a su vida. Que el consejo de Dios nos impulse a ser de bendición a la vida de otros hasta que podamos afirmar: “¡Cristo ha sido formado en mi!”