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¿Y ahora qué?

Hechos 1: 12–14 (RVR 60)

 

Hemos disfrutado de una gran semana de aniversario. Desde el retiro congregacional el sábado 6 hasta el culto de adoración el domingo 13, nuestro aniversario 123 fue maravilloso. ¿Y ahora qué?


Al bajar revoluciones y retomar la cotidianidad de nuestra vida de iglesia, nos debemos preguntar qué sigue, qué vamos a hacer con todo lo experimentado y recibido durante esa gran semana.


Para ayudarnos en este proceso, les invito a que miremos lo que hicieron los discípulos luego de uno de los eventos más impactantes en sus vidas. El primer capítulo del libro de los Hechos nos dice que el Cristo resucitado se aparece a sus discípulos y permanece con ellos por un período de 40 días. En ese tiempo les habla, les enseña, les sana, les restaura y les comisiona a ir por todo el mundo a predicar y hacer discípulos. Ese período de 40 días concluye con una experiencia única: la ascensión. En los versos 6–11, leemos cómo los discípulos son testigos del momento en que Jesús se eleva a los cielos y lo reciben en una nube. Debió haber sido una experiencia que los dejó maravillados y hasta perplejos. ¿Y entonces, qué? ¿Qué hacen los discípulos? ¿Cómo reaccionan? ¿Cómo responden a esa experiencia?


En los versos 12–14, vemos que los discípulos regresan a Jerusalén. Descienden del monte del Olivar para regresar a la ciudad que entonces representaba amenaza y peligro para ellos. Sin embargo, regresan allí en obediencia y fe. El verso 4 nos dice que Jesús les mandó que no se fueran de Jerusalén hasta que fueran bautizados con el Espíritu Santo. Ellos bajan del monte y regresan al peligro porque saben y confían que había algo más para ellos en Jerusalén, porque creen en lo que el Señor les dijo, porque, aunque no entienden todo, confían en Jesús. Así que regresan a Jerusalén, y allí no se desbandan como hicieron luego del arresto de Jesús, sino que permanecen juntos, unidos, acompañándose en el proceso. Dice el verso 14 que todos perseveraban unánimes en oración y ruego. Así permanecieron durante diez días, reunidos en un aposento alto, unánimes, orando, compartiendo, apoyándose, como un solo cuerpo. Luego de diez días, llegó la fiesta de Pentecostés, y ese día recibieron el poder del Espíritu Santo para salir a hacer discípulos en todas las naciones.


Al reflexionar sobre la experiencia de aquellos discípulos, comprendo que a nosotros nos toca hacer lo mismo. Luego de las experiencias vividas durante nuestro aniversario 123, nos toca unirnos, en oración y ruego; unirnos en compromiso, esperanza y devoción; apoyarnos unos a otros en este proceso de irnos preparando para salir juntos a alcanzar la tierra que el Señor nos ha entregado con el mensaje poderoso del evangelio de Cristo. Nos toca provocar y propiciar una vida de iglesia caracterizada por el apoyo mutuo, el acompañamiento y la unidad de pensamiento y espíritu. Nos toca alcanzarnos unos a otros con el amor y el poder de nuestro Salvador. Entonces podremos salir juntos a alcanzar nuestra comunidad de Caguas.


¡Qué así nos ayude el Señor!

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