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Unidas alcanzamos más

Éxodo 2: 1–10

 

Ida Hayes, Juanita Duggan, Mary O. Lake, Ester Palacios, Adele Martin y muchas otras son algunos nombres de mujeres bautistas que estuvieron dispuestas a insertarse en el servicio misionero en Puerto Rico hace aproximadamente 123 años. Estas mujeres sembraron la semilla evangelizadora a través de la educación; en el proceso, hubo mujeres inspiradas y llamadas por Dios a ejercer el ministerio pastoral desde donde se encontraban y en beneficio de sus comunidades.


Un ejemplo bíblico de este llamado lo podemos ver en el libro de Éxodo 2: 1–10, en el que se nos presenta un relato aparentemente sencillo pero que comunica el poder liberador de Dios que surge cuando decidimos cumplir la misión desde donde estamos. Las mujeres de este relato no estaban unidas físicamente, sino que estaban unidas en propósito. Una de ellas construyó y crió; otra, vigiló y aconsejó; otra se compadeció, pagó y adoptó. Todas fueron instrumentos de Dios para librar de la muerte a Moisés, porque, definitivamente, unidas alcanzamos más. La acción de estas mujeres estableció el fundamento sobre el cual Moisés caminaría, escucharía la voz de Dios, obedecería y sacaría a los israelitas de Egipto. Las cualidades de estas mujeres también las vemos reflejadas en el Nuevo Testamento, en las figuras de Loida y Eunice, expresadas por el apóstol Pablo en 2 Timoteo 1: 5: “trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro de que en ti también”. La fe no fingida fue transmitida a Timoteo con autenticidad e intencionalidad tan evidentes que quedó registrada en la Palabra.


Cuando leemos de estas mujeres, puede venir a nuestro pensamiento la palabra ministerio, la cual proviene de la palabra griega “diakoneo”, que significa servir. Hoy, en 2023, el testimonio de todas las que nos anteceden y de las que día a día vemos sirviendo nos recuerda el gran llamamiento que Jesús nos hizo en Marcos 16: 15 (NTV): “Vayan por todo el mundo y prediquen la Buena Noticia a todos”. Todas somos llamadas a la proclamación de la Buena Noticia, unas en la pastoral, otras en las misiones, en la educación, en la administración, desde nuestras profesiones y mucho más.


Debemos tener siempre presente que somos ministras del Señor, para sembrar la semilla evangelizadora, para construir, vigilar, aconsejar, y, con una fe no fingida, ser de bendición a las generaciones de relevo, a esas niñas y jóvenes que tienen que saber que Dios también las llama al servicio. Es por esta razón que, desde donde estemos y hermanadas en propósito, debemos ejercer el ministerio con gran responsabilidad: porque unidas alcanzamos más.

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