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Una invitación a la mesa


Lucas 19:1-10


Hoy es domingo de Comunión Mundial, por lo tanto es domingo de recordación. Es un domingo de un significado muy especial porque en el día de hoy, cristianos y cristianas de diversas confesiones de fe se reúnen para celebrar la mesa del Señor. Es por lo tanto domingo de afirmar nuestra comunión con el Señor, pero es también domingo de afirmar nuestra unidad cristiana. En medio de tantas diferencias, tenemos en común una mesa porque tenemos en común un mismo Señor.


Por eso la invitación es a reflexionar sobre el significado y más que eso, las implicaciones de la comunión con Cristo desde la experiencia de sentarnos a la mesa del Señor.


El referente en esta ocasión es Zaqueo, quien se ubica en un árbol para poder ver a Jesús, con toda probabilidad, más que por problemas por su estatura, para que no viesen que tenía interés en conocer de Jesús. Pero Jesús, que distingue una necesidad a la distancia, sabía que Zaqueo necesitaba de él. Y así le invita a bajar del árbol donde se encontraba y le indica que le permita entrar a su casa y sentarse a la mesa.


Una mesa que acorta la distancia a la que Zaqueo quería relacionarse con Jesús, porque la verdadera relación con Jesús es a través de un encuentro íntimo, comunión cercana. Y es sentado en esa mesa que Zaqueo descubre que ha llegado la hora de despojarse no sólo de lo que no le pertenece, sino además de todo lo que para él representaba seguridad. En esa mesa Zaqueo parece descubrir, lo que Cristo está dispuesto a ser (no a darle, sino a ser) para Zaqueo, es decir, su amigo, su compañero, su seguridad.


Es así y desde esa certeza que descubre en la mesa con Jesús que Zaqueo logra negarse a sí mismo, para asirse de Cristo. Y esa mesa se convierte en mesa de perdón, seguridad, iluminación, mesa de encuentro transformador.


Jesús nos invita a la mesa de su comunión; que no es comunión pasajera, ni distante, ni simbólica. Es comunión real, cercana, comprometida, constante, de modo que seamos verdaderamente sus discípulos y discípulas. Porque quien tiene comunión con Cristo, es imitador/a de Cristo y procura seguirle y servirle, imitando al maestro. Abriendo mesas en el nombre de Cristo, ante toda persona necesitada, toda persona excluida, toda persona rechazada, toda persona hambrienta y sedienta para que reciba lo que nutre para vida plena.