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Un cántico de generación en generación

Salmo 90: 1–2

 

Utilizar nuestros talentos para glorificar a Dios y bendecir a otros es voluntad divina. A través de nuestros talentos reconocemos lo que afirma el Salmo 90: 1–2 cuando expresa: “Señor, tú nos has sido refugio, de generación en generación”. Esto lo podemos ver claramente en la historia de nuestro Coro: su historia es una de servicio, dedicación, amor y compañerismo. El Rvdo. Ángel L. Gutiérrez, en su libro sobre la historia de nuestra iglesia, comparte que el Coro se organizó en el año 1929 gracias a la iniciativa de la misionera Florita Muñoz. En el 1937, durante el segundo pastorado del Rvdo. Abelardo Díaz Morales, este Coro cantó por primera vez en una asamblea de las Iglesias Bautistas de Puerto Rico. Para el 1939 Dalila y Abigail Díaz Alfaro, hijas del Rvdo. Díaz Morales, —junto con nuestra querida hermana misionera Ruth Maldonado— se hicieron cargo del Coro y de la música de la iglesia. Luego, el hermano David Cruz López, quien contribuyó a la música de nuestra iglesia, se hizo cargo del Coro junto a Paquita Colón como organista.


En 1945, el hermano David Cruz López entregó la dirección del Coro a quien era un adolescente de 14 años en aquellos tiempos: el hermano Benjamín Quiñones. Durante 50 años nuestro querido hermano Benjamín, quien hoy mora con el Señor, dirigió, preservó y desarrolló el tesoro musical que colocaron en sus manos los que lo precedieron. Bajo su iniciativa, en el año 1989, —y durante más de veinte años— el Coro llevó a cabo la hermosa tradición del Árbol de Navidad Viviente. En 1995, la hermana María del Carmen Rivera —Carmencita, como cariñosamente la conocemos— continuó con la dirección de nuestro Coro, y ha organizado los últimos viajes del Coro a Estados Unidos; las últimas cantatas de Navidad desde el Árbol Viviente y múltiples conciertos acompañados por orquestas, por el Coro y agrupaciones del Colegio Bautista. También se organizó nuevamente una Orquesta Bautista para nuestra iglesia. Además, el Hno. Oscar E. Mercado se convirtió, para la década de los noventa, en el pianista oficial del Coro.


Cada hermano y hermana que a través de los años ha unido su voz en adoración en este ministerio ha sido instrumento de Dios para bendecir a su congregación, su comunidad y su país, y ha testificado a través del canto de la fidelidad de Dios, de generación en generación.


¡Por eso damos gloria a Dios!

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