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Tres décadas y unos meses – Parte II



En este segundo domingo de nuestro Jubileo de Aniversario —y en ocasión del culto en el cual afirmamos el ministerio de la Corporación Milagros del Amor, CorMA—, me parece apropiado compartirles un extracto de la Columna Pastoral del Rvdo. César Maurás, dedicada a CorMA, durante la culminación de su pastorado en nuestra iglesia en 2018.

La Primera Iglesia Bautista de Caguas ha servido a decenas de miles de seres humanos de los que el Señor llamó “los pequeñitos de la tierra”. Cada centavo utilizado por CorMA ha sido multiplicado por el Señor a través de fondos legislativos, Fondos Unidos, Ministerios Nacionales de las Iglesias Americanas y donativos particulares, tanto en tiempo como en dinero.

 

Durante la última década, CorMA ha crecido exponencialmente, tanto en el número de programas como el reconocimiento y respaldo que ha recibido de Fondos Unidos y de las Iglesias Bautistas Americanas. Este respaldo ha sido producto directo de las ejecutorias de la excelencia de la Rvda. Apolinaris (Directora Ejecutiva para el 2018) y su equipo de trabajo.

 

Cuando llegue la consumación de los tiempos, y estemos cara a cara frente a Jesús, Él nos dirá que entremos en su Reino, porque tuvo hambre y le dimos de comer, estuvo desnudo y le vestimos, desamparado y le conseguimos albergue… ante nuestra sorpresa nos recordará las veces que, a través de CorMA le servimos un poco de alimento, le dimos ropa, le conseguimos vivienda, le dimos transportación, le enseñamos a leer y escribir, a hablar inglés, le ayudamos para que tomara el examen de cuarto año o le protegimos de la persona que le maltrataba y amenazaba su vida y las de su familia.

 

Hoy, llegando ya al final de mis cuarenta y ocho años en el ministerio pastoral, doy gracias al Señor por la bendición y grande obra que ha hecho a través de la Corporación Milagros del Amor. Gracias a todos los hermanos y hermanas que a través de los años han sido parte de la Junta de Directores, a las Directoras Ejecutivas, y a todas las personas que han formado parte del equipo de trabajo. Pero sobre todo a cada persona que ha formado parte de los miles de participantes, porque gracias a ellos y ellas, hemos podido servir a Dios.

 
 
 

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