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¡Sus misericordias son nuevas cada día!

Salmo 30




“Canten al Señor, ustedes sus fieles; alaben su santo nombre. Porque solo un instante dura su enojo, pero toda una vida su bondad. Si por la noche hay llanto, por la mañana hay gritos de alegría.” El salmista es capaz de celebrar en medio de su aflicción porque sabe que Dios responde de maneras nuevas. Invita a la comunidad a regocijarse porque puede recordar la grandeza de Dios.


El salmista no trata de encubrir el lloro y la amargura, esas son realidades de la vida. Porque por más que lo tratemos de evitar, en la vida siempre vendrán situaciones difíciles; los conflictos son inherentes a la vida misma. La noche a veces nos toma desprevenidos y se nos cae encima, pero siempre hay una mañana nueva. Para quienes confían en Dios, el dolor, la angustia, la pérdida, la incertidumbre, la enfermedad, aún la muerte, no son la última palabra. Siempre nos llega la palabra de consuelo, de fortaleza, de seguridad, de compañía, de salud, de vida, de esperanza. ¡Esa es la Palabra de parte de Dios!


Así que el salmista, sin negar la hora difícil; sin ocultar que a veces aun lo que creemos no siempre encaja con lo que es nuestra realidad; a pesar de que parezca apuntar hacia lo contrario, Dios está presente. Y ese encuentro con Dios y esa seguridad de la presencia de Dios nos permite elevar un cántico de gratitud.


Esto está muy lejos del mensaje de prosperidad y de falsa seguridad que se quiere resaltar a nuestro alrededor. No es desde el bienestar que comprendemos y descubrimos la misericordia divina, es desde la noche y la hora difícil; eso es lo que nos permite distinguir el nuevo día.


Por eso este salmo culmina con una expresión de alabanza que hemos convertido en un cántico. El Señor ha cambiado nuestro lamento en baile… pero no un baile de enajenación, tampoco un movimiento impulsado por el ritmo de la música, sino un cántico, una danza de alegría impulsada por la fe y la confianza en el Dios que transforma todas las cosas.


Esa es nuestra fe y esa es nuestra esperanza y por eso nuestra gratitud a Dios, por lo que ha hecho y por lo que aún hará.