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Sigamos a Jesús

Lucas 14: 28–30

 

El evangelio de Lucas contiene 17 parábolas que son exclusivas de dicho evangelio, entre ellas, la que consideraremos. Esta parábola presenta a Jesús con una gran multitud que le seguía; con toda probabilidad, le seguían con la intención de ser sus discípulos. Jesús, como líder sabio y sensato, les habló claramente diciendo: “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”. Con estas palabras, el Maestro les invitaba a no caminar en vano.


Ser discípulo/a es elegir intencionalmente que Jesús sea nuestro maestro para que nos eduque, y, a través de sus enseñanzas, nos transforme y así podamos experimentar la vida regenerada que Él diseñó para nosotros. Pienso que haber decidido por Cristo no nos hace instantáneamente sus discípulos; ser sus discípulos conlleva acercamiento, renuncia y prudencia. Acercarse implica escucharle claramente. La Escritura relata que para Jesús la oración era importante. Entonces, ¡cuánto más nosotros necesitamos acercarnos a Él en oración! ¡Cuánto más necesitamos orar con nuestros hijo/as, esposo/as y familiares para desarrollar cercanía con el Maestro! La renuncia que relata Lucas (de dejar todo, parentela y tomar la cruz) apunta a una revisión total de nuestra escala de valores y de nuestras prioridades. Es una evaluación del orden de nuestros asuntos, y la la pregunta central es: ¿qué es lo más importante y qué no lo es? El evangelio de Juan presenta también este principio cuando dice: “es necesario que Él crezca, pero que yo mengüe”. La prudencia es actuar o hablar con sensatez; la parábola a la que Jesús hace referencia en este capítulo menciona a un hombre que dejó a mitad la construcción de un tipo de torre que pretendía proteger sus tierras o viñas. ¿Y para qué serviría una torre a mitad? Una obra a medias que no cumple el propósito de proteger el área donde iba a estar no tiene utilidad. De la misma manera, cuando no actuamos prudentemente, sino que lo hacemos guiados por nuestras emociones o impulsos, somos como aquel que abandonó el proyecto de construcción. Con esta imagen, Jesús destacaba la necesidad de tomar decisiones sensatas y de ser discípulos comprometidos, discípulos que no abandonan la construcción de su reino en el mundo.


Así pues, acerquémonos para escuchar su designio; renunciemos a nuestros cálculos egoístas para verdaderamente ser discípulos comprometidos con Él y su evangelio.

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