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Puedes vencer… en comunión con Dios

Mateo 4.1-4


El término “comunión” es una palabra que se utiliza para identificar el momento de la Cena del Señor, para llamar al orden en el templo, para iniciar experiencias de oración y/o llamamiento, entre otros. El Nuevo Testamento utiliza los términos koinonia y metoche, para describir lo que es comunión. Estos términos expresan principalmente la participación unida a otra persona y la asociación de espíritu.


El relato de la tentación de Jesús lo encontramos en los tres evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). El mismo se ubica al inicio de su ministerio como un evento fundacional en el cual Jesús de Nazaret es confrontado por una serie de tentaciones, de las cuales sale vencedor. La lectura pretende hacer un contraste de aquellas cualidades que estuvieron en Jesús, pero ausentes de la vida del pueblo de Israel, cualidades que le permitieron salir airoso ante las fuerzas del mal.


La comunión es la primera de esas cualidades que encontramos en el relato y en la vida y ministerio de Jesús. Vemos esta cualidad en la experiencia de oración y ayuno de Jesús en el desierto. Esta práctica cobró notoriedad en el ministerio de Jesús. Lo vemos plasmado en los evangelios, los cuales presentan siempre a un Jesús que ora y enseña a orar, dejándonos ver que, más allá de ser una práctica con la que todo judío debía cumplir, la oración era la herramienta con la que Jesús profundizaba en su relación con el Padre. Además, en referencia a su comunión o unión con el Padre, afirmó: “el que me ha visto a mí ha visto al Padre”, y “el Padre y yo uno somos”, afirmando con esto su encarnación divina.


En la vida de la iglesia, la comunión tiene una dimensión social entre los miembros de la familia de Dios, porque nos hace semejantes más allá de nuestras diferencias externas y temporales. También nos hace creyentes verdaderos/as, de manera que nuestras acciones y testimonio impacten para bendición y vida a otros/as. Además, nos hace redefinir lo que es nuestra relación con Dios: nos hace ver dicha relación como una jornada, un caminar en el cual somos guiados/as y sostenidos/as por su presencia; una relación que nos hace afirmar en lo más íntimo de nuestra alma nuestra participación con él.


Al sentarnos a la Mesa, reafirmamos nuestro compromiso de comunión-unidad con la familia de Dios, nuestra sociedad y, sobre todas las cosas, con Aquel que nos ha permitido ser su cuerpo.


Que podamos cuidar nuestra comunión con Dios para poder vencer.


Bendiciones,


Pastor Alberto

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