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Nuestro Dios suplirá

Filipenses 4.10-20

 

Cuando era adolescente me vi en medio de una conversación de la cual no formaba parte. Dos matrimonios dialogaban sobre la decisión de sus hijos casarse; compartían sus profundas preocupaciones que, como padres, tenían ante esta decisión. Recuerdo que, como parte del diálogo, el padre del novio dijo: “Ellos no saben lo que es no tener un peso en el bolsillo”, y, de manera muy seria y firme, la madre de la novia expresó: “¿Un peso? ¡Una peseta!”. Esa expresión, sumada a la seriedad de aquel momento, grabó en mi memoria muy claramente esa conversación, la cual vine a comprender en mi adultez. Aquellos padres expresaban sus preocupaciones mutuas porque ellos habían conocido de cerca algo que sus hijos no habían conocido: la escasez.


Tradicionalmente, este pasaje se ha utilizado para enfatizar el compromiso económico con la obra del Señor, la relación solidaria entre la iglesia y su liderato pastoral, la actitud de fe que debemos asumir, entre otros énfasis. Sin embargo, en esta ocasión, quiero proponerles que veamos lo que creo que es la base de este pasaje: los momentos de necesidad que tocan a la puerta de nuestra vida. Así le sucedió al apóstol Pablo: la necesidad llegó a su vida y ministerio. Posiblemente, él se encontraba encarcelado en Filipos, por lo que la caridad y ayuda externa serían vitales. En medio de ello, Dios permitió que otros vieran la necesidad que Pablo tenía, de manera que ellos se convirtieran en instrumento de provisión divina, además de para enseñarle a Pablo a tener la actitud correcta en los momentos de escasez, es decir, esos momentos en los que nuestra dependencia de Dios tiene que ser aún mayor. Al leer detenidamente estos versos, parecería que Dios nos invita a no llevar nuestras cargas solos: hay quienes Él pone en el camino, por más árido que sea, para bendecirnos, apoyarnos y fortalecer nuestra fe. Además, nos invita a ver Su cuidado en nuestras vidas, y nos desafía a que, a raíz de ese cuidado, tributemos adoración y alabanza a Él.


Es probable que en algún momento hayas o estés experimentando lo que para aquellos padres era motivo de preocupación: escasez, esa escasez que se experimenta en distintos aspectos de la vida como la salud, las emociones, las relaciones, la economía, entre otros. En estos momentos, permitámonos recibir la bendición y el cuidado de Dios por medio de otros, y respondamos con fe, con la certeza de que, en medio de ello, Dios nos sostiene. Ante todo, brindemos adoración que testifique a otros acerca del cuidado de Dios en momentos de necesidad.

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