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Meditando en la Resurrección

Lucas 24.4-6


Desde pequeño aprendí que la Semana Santa no era una semana más. Recuerdo acompañar a mis padres al templo para, junto a otros/as hermanos/as, decorar, preparar escenografía, utensilios del culto y otros detalles para esa semana. Observaba cómo todo lo que se planificaba y preparaba nos llevaba a la cumbre de dicha semana: el Domingo de Resurrección. Poco a poco fui comprendiendo que el Domingo de Resurrección no era un domingo más. ¡Era el domingo más importante de todos!


Al traer esta experiencia a la memoria, medito sobre cómo sería la experiencia de aquellos que, según el texto bíblico, estuvieron envueltos en la experiencia de la resurrección. Por ejemplo, los evangelios nos relatan que un grupo de mujeres fueron al sepulcro donde estaba Jesús. De manera extraordinaria ellas reciben la primicia de la resurrección y el mandato de anunciar a los demás discípulos que Jesús había resucitado. Entre ellas estaba María Magdalena, quien, al entrar a la tumba y ver que el cuerpo de Jesús no estaba, comenzó a llorar. ¡Cuánta impotencia debió haber sentido en ese momento! Mas a ella también se le presentó Jesús. Además, encontramos a los caminantes de Emaús; a estos Jesús mismo se les apareció luego de la resurrección, caminó con ellos y escuchó la duda de su corazón cuando dijeron: “nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel, y ahora, además de todo esto, ya es el tercer día.” La duda no quedó ahí, ellos añadieron: “unas mujeres nos asombraron diciendo que su cuerpo no estaba en el sepulcro y que un ángel les dijo que Él vive.” Por último, y quizás los menos nombrados, son los guardias a quienes Pilato había instruido vigilar el sepulcro. Estos, al ver lo que había sucedido, fueron a los sacerdotes a contarles lo que había acontecido.


Cada una de estas personas nos representan a nosotros/as, pues, al anuncio de la resurrección de Jesucristo, los seres humanos respondemos de manera diversa. Algunos/as responden con compromiso: testificando a otros/as acerca de la buena noticia. Así lo hicieron las mujeres que fueron a la tumba, quienes, con gozo y temor, dieron a otros la buena nueva. También estamos representados en aquellos/as que, cual caminantes de Emaús, responden de manera tardía al testimonio de Aquel que camina y se muestra a sus vidas, pues sus ojos están sellados. Finalmente estamos también representados/as en aquellos guardias de la tumba, quienes, habiendo sido testigos del evento más grande de la historia, dispusieron vender dicha experiencia. Decidieron ser como aquel que recibió la semilla mas esta cayó entre espinos; Jesús decía que estas personas son las que oyen la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas la ahogan hasta que se hace infructuosa en ellos.


Hoy, al llegar al momento cumbre de la Semana Santa, te invito a evaluar: ¿Cuál será tu respuesta al anuncio de la resurrección?


Bendiciones,

Pastor Alberto