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Firmes en el Señor

San Mateo 2.13-15; 19-23

 

Es posible que aun estén frescas en nuestras mentes las imágenes de personas que se han visto obligados a emigrar de su país en situaciones de crisis. Podemos recordar los migrantes de Siria, Afganistán, Centroamérica y, más cercanos a nosotros, nuestros hermanos haitianos. Al igual que estas familias, la familia de Jesús también tuvo que huir de su tierra en un momento de crisis. Era una decisión de vida o muerte, pues Herodes había mandado a matar a todos los niños nacidos en aquella región. Solo había una opción: salir de su tierra a una tierra extraña, a Egipto, y, en el camino, confiar en el cuidado de Dios para con ellos.


Toda familia enfrenta tiempos de grandes pruebas, momentos en los que deseamos que la experiencia que vivimos sea diferente. La enfermedad de un ser querido, la muerte de un ser querido, la pérdida de la salud física y/o emocional, la pérdida de un empleo, entre otras, son pruebas que en algún momento tendremos que enfrentar, pues las pruebas son intrínsecas a nuestra realidad humana. Ante esta realidad la familia de Jesús respondió unida; es necesario que como familias enfrentemos juntos las pruebas, los obstáculos y otros retos que se presentan en el camino. Cuando hacemos esto nos hacemos más fuertes y podemos discernir mejor la voz de Dios en nuestras vidas.


La voz de Dios es la que trae dirección a nuestra vida, es la que nos ayuda a ser mejores cónyugues, padres o madres, hermanos o hermanas. Esto es importante porque habrá momentos en los que los desafíos serán tales que no bastará con nuestra sabiduría y conocimiento humano para poder superarlos; tiempos en los que, al igual que José y María, nos veremos presos/encerrados por las circunstancias; momentos en los que la duda y la incertidumbre se apoderan de nuestras emociones. Ante esto es necesario que escuchemos la voz de Dios, que siempre traerá dirección y seguridad.


Finalmente, es posible que José, María y Jesús hayan estado en Egipto durante aproximadamente un año o más antes de regresar a Israel. Al meditar en esto pienso que por más duradera que sea la prueba que podamos enfrentar, debemos tener la seguridad de que Dios obrará en nuestra familia en la manera en la que necesitamos. Hagamos nuestro el consejo de Pablo a los Efesios: permanezcamos para que “habiendo acabado todo, estés firme”.


Bendiciones,


Pastor Alberto

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