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Cual pastores caminemos sin temor, testifiquemos del Señor

Lucas 2.8–11

 

Desde sus inicios, la llegada de Jesús a la humanidad fue una noticia de “gran gozo”. Según el evangelio de Lucas, los pastores fueron los primeros testigos de esa gran verdad. El oficio de pastorear, además de ser uno de los más antiguos, era también uno de mucha exigencia y dedicación. Su labor podía tomar todo el día y la noche, por lo que los pastores se veían limitados en sus comodidades e incluso en su vida social. Los pastores también eran una clase despreciada por la religión judía debido a la dificultad que tenían en cumplir con la Ley de Moisés. Era una clase estigmatizada, pues muchos les consideraban como ladrones, ya que, entre otras cosas, llevaban a los rebaños a pastar a propiedades ajenas. Sin embargo, pareciera que Lucas quería presentar a aquellos pastores que recibieron la noticia del ángel como unos pastores devotos y conocedores de la profecía. Así pues, el anuncio de las “nuevas de gran gozo” a los pastores, quienes vivían al margen de la sociedad, armoniza con lo que Jesús de Nazaret afirmaría en su ministerio de las “buenas nuevas para los pobres”.


Precisamente el gozo es una de las dádivas divinas entregadas a la humanidad a través de Jesús. Este gozo no es una expresión de alegría momentánea, sino que es la afirmación de la fortaleza y plenitud de vida que solo el Espíritu de Dios puede brindar. Según el Nuevo Testamento, el gozo es la respuesta del alma humana al anuncio del evangelio. Aquellos hombres y mujeres que se encontraron con Jesús experimentaron el gozo de su presencia, porque ese es el resultado de las buenas noticias del Reino de Dios en los corazones de quienes lo reciben. Bien lo expresó el apóstol Pablo cuando escribió "el reino de Dios es justicia, paz y gozo".


El gozo que Dios da no depende del éxito económico, de la salud o de la popularidad; todos estos, aunque importantes, son pasajeros. El verdadero gozo se descubre al creer en Dios, obedecer su voluntad, recibir su perdón y participar de la comunión de los creyentes. Ese es el deseo de Dios para la humanidad: que podamos responder al anuncio de las buenas noticias que solo encontramos en Jesús y experimentar su gozo. Hoy, segundo domingo de adviento, continuamos afirmando esta gran verdad para que “cual pastores caminemos sin temor y testifiquemos del Señor”.

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